sábado, 31 de diciembre de 2011

BIG (Penny Marshall, 1988)

Vivimos creando una curiosa paradoja: conocemos lo nuevo partiendo de lo ya conocido. Ya hemos hablado alguna vez de que tenemos nuestra peculiar forma de manejarnos por el mundo: asignamos nombre o etiquetas a las cosas y a partir de ahí, dejamos de ver las cosas para ver los nombres. Es el pensamiento abstracto. Esto, indudablemente, nos facilita manejarnos por el mundo con rapidez, no tenemos que estar a cada paso analizando cada cosa que nos encontramos para determinar lo que es. Ahora bien: convertirlo –como lo hacemos- en algo permanente, va limitando poco a poco nuestro universo, puesto que constantemente “tiramos” del pasado, de lo ya conocido, para conocer cosas nuevas... Así, difícil es que veamos las cosas tal y como realmente son porque siempre están contagiadas por nuestra experiencia previa, y difícil es también que sepamos apreciar la vida en todas sus facetas.
Y así, llega un día en que las personas ya no quieren lo nuevo, tienen su mundo tan fijado, tan reducido y apoyado en unos cimientos tan profundos que si una novedad rompe sus esquemas, atenta contra sus etiquetas más primigenias, contra las concepciones que pusieron la primera piedra de  sus creencias, entonces, temen que se derrumbe el edificio de su existencia. Ya no quieren crecer más. Lo que queda entonces, es envejecer, porque la vida no se detiene. 
Es tan buena costumbre dedicar un rato al día a intentar mirar lo que nos rodea como si no lo hubiésemos visto nunca... descubrirás nuevos matices en tu propia casa, en los colores, en el ambiente, en las hojas de los árboles que caen en un parque… descubrirás un mundo nuevo más allá de lo acostumbrado y podrás disfrutar enormemente de cosas comunes, encontrando la magia tal y como lo hacen los niños. Y es de ellos de quienes podemos aprender a reeducar nuestra mirada.
Big habla de Josh (David Moscow) un niño que desea ser grande y ve su deseo concedido. Tom Hanks interpreta maravillosamente al niño metido en un cuerpo de adulto. "Big" va del descubrimiento de la vida que hace Josh, pero creo que –sobre todo- va del descubrimiento de la vida que hacen quienes rodean a ese Josh de 13 años convertido en “grande”. Asistimos a una de las secuencias más famosas: la del piano. Joseph pasea con el Sr.MacMillan (Robert Loggia), su jefe y dueño de una fábrica de juguetes por una exposición… (por favor, no dejes de fijarte en el reparo inicial del Sr. MacMillan ;)



Mi deseo para este nuevo año es que los adultos seamos capaces de dejar un poco a un lado esa seriedad y ese aire de superioridad que nos caracterizan y podamos adquirir la suficiente humildad como para dejar que los niños nos enseñen lo que un día olvidamos, y que con su visión clara y nueva nos ayuden a comprender lo grande que es la Vida. Es en ese conocimiento donde se esconde nuestra felicidad más profunda... ¡¡Feliz 2012!! Gracias, miles de gracias, por seguir ahí, danzando en este rincón del universo :)
(Vídeo subido por canceriansoul)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Elegir

Se acerca el nuevo año. Y de forma natural surge en nosotros una cierta esperanza, como si se nos dieran nuevas oportunidades con el comienzo del nuevo ciclo. Así es, y  así pasa con todos los ciclos. Cada día es una nueva oportunidad para retomar la vida. De hecho, lo es cada instante, aunque nos pesa tanto la memoria que no somos capaces de ver la frescura de cada nuevo momento, porque no dejamos morir los momentos anteriores. Eso nos resta capacidad de decisión. Lo cierto es que siempre existen opciones. Siempre. Puede que sean descabelladas, inciertas o no aconsejables… pero existen. Y más allá de ellas, existe nuestra libertad interior; ejercerla implica tomar responsabilidad de nuestra forma de pensar y de reaccionar ante las cosas que nos pasan.  
Víktor Frankl, neurólogo y psiquiatra que estuvo preso en varios campos de concentración nazis, cuenta que lo que le hizo sobrevivir fue precisamente saber que a pesar de que le habían arrebatado tantas y tantas cosas, había algo de lo que nadie podía apoderarse: su libertad interior; la libertad de elegir cómo reaccionar ante el horror que estaba viviendo. Simplemente eligió no desistir… y en medio del caos, se encontró a sí mismo. Ese contacto con su libertad interior fue lo que le mantuvo vivo, lo que en numerosos casos mantuvo vivas a las personas que sobrevivieron.
Ocurre que estamos enredados en nuestros propios pensamientos, concepciones, costumbres… y no nos damos cuenta de que todas esas cosas se pueden cambiar. Como si emocional y mentalmente fuésemos un tren de alta velocidad que conduce otra persona, reaccionamos automáticamente, como hemos hecho siempre, sobreviviendo a las curvas como podemos… porque todo va tan rápido… No somos conscientes de que podemos parar ese tren, y empezar a conducirlo nosotros mismos. Que antes de tomar una curva, podemos frenar, observarla, estudiarla e incluso cambiar de dirección. Que a veces, cambiando un simple pensamiento, podemos cambiar una parte de nuestra vida. Que desprenderse de una vieja forma de reaccionar puede suponer una gran diferencia. Que la vida es cambio, y que cuando dejamos de cambiar y fijamos patrones neuronales en nuestro cerebro, nuestra mente comienza su declive.
Es muy bueno, por eso, viajar, salir, hacer algo totalmente distinto, sólo para tomar distancia con tus propias creencias, tus enredos, tus hábitos, y al volver, observarlos un poco de lejos, y decidir si te los quedas o no los quieres más. Otra opción, como siempre, es meditar y encontrar tu centro. Desde ahí la velocidad del tren se reduce considerablemente y todo se hace más fácil… ¿conoces el placer de ver venir una vieja pauta emocional que te impele a una determinada acción o reacción que sabes que no te conduce a ningún sitio bueno… y simplemente… dejarla pasar? Guau!! Cuanto más meditas, más sencillo se hace.
Sea como sea, toma responsabilidad y date el gusto de ejercer tu libertad interior.
(Imagen paisaje: Danilo Rizutti; Imagen alta velocidad:Sura Nualpradid )

jueves, 17 de noviembre de 2011

Fluir


“Quería un final perfecto. Ahora he aprendido, por las malas, que algunos poemas no riman, y que algunas historias no tienen un claro comienzo, desarrollo y final. La vida va de no saber, de tener que cambiar, de aceptar el momento y hacer lo mejor de él, sin saber qué va a ocurrir después”~ Gilda Radner



Hay un día en la vida de un buscador en que una lucha se termina. Es en ese preciso instante en que te das cuenta de que no hay otra forma de vivir más que la de caminar a través el miedo. Has de dar el siguiente paso, a pesar del miedo, simplemente porque quedarte atrás no es una opción, y ni siquiera sería vivir. La vida son las tempestades y la calma, el sol y la luna, los misterios y lo obvio. La vida es aquello que llamamos mundo, más allá de nuestro control. Es el día en que te rindes a lo que Es, y entonces lo que Es se vuelve increíblemente intenso, porque acabada la lucha tu mirada puede descansar, y se posa en los detalles de la vida, y te das cuenta de que la Vida brilla por todas partes… en todo lugar. No lo habías visto sólo porque estabas luchando para que el mundo fuera como tú lo deseabas, no querías nada si no era todo… y por el camino te perdías la magia.
Es sólo desde la aceptación de lo que Es, aquí y ahora, desde donde podemos caminar hacia donde nos lleve nuestro corazón, sin lucha, sin drama, con serenidad. Más allá de nuestro miedo a la oscuridad, hay luz. Más allá de dolor y más allá del placer, hay un lugar; ese lugar es tuyo. Y es en ese lugar donde reside tu poder, pero para encontrarlo has de pasar, necesariamente, por el presente que fluye y aprender a fluir con él. Dejar que venga lo que tiene que venir, dejar que se marche lo que se tiene marchar. Respirar en el ahora lleno de infinitas posibilidades. Eso es vivir.
(Imagen: Leuntje)

martes, 8 de noviembre de 2011

Autosabotajes



Cuando nos decimos que no. Cuando huimos de lo que más queremos. Cuando nos exigimos una perfección inalcanzable. Cuando nos castigamos sin remedio por una culpa que desvanece en el infinito de nuestra historia pasada. Porque cuando más vulnerables éramos, alguien nos dijo: eres malo, tonto, torpe, no sabes, no puedes, mira lo que me has hecho, así nunca te saldrá… palabras grabadas en nuestro inconsciente, en aquel lugar de nuestra psique donde escondemos las cosas que no podemos enfrentar. No es ningún secreto: todos queremos amar y ser amados, porque para eso estamos programados desde que nacemos, y no en vano la vida usa el amor para reproducirse. Pero por el camino alguien nos da a entender que no merecemos ese amor, porque hemos hecho algo mal, o de otra manera, que no encajamos, que no somos lo que deberíamos ser… alguien a quien alguien le dio a entender lo mismo y que descarga en nosotros sin saberlo su propia frustración. Somos pequeños, no podemos soportar sentirnos indignos, y lo enterramos. Y ahí se queda ese sentimiento no enfrentado, molestando el resto de nuestra vida, mientras nuestro enjuiciador interno se encarga de reforzar la idea de que hay algo que no está bien en nosotros, que tenían razón quienes con sus palabras nos juzgaban. Por un lado el pensamiento, con el que puedes dialogar, pero por otro el correspondiente sentimiento enterrado que no podemos enfrentar; los dos están disociados, y todo se va liando poco a poco.
Así, vas autosaboteando tus sueños, aparcando momentos porque no es el momento, perjudicándote con cosas que sabes que te sentarán mal, cargándote con responsabilidades que no te dejan disfrutar… Y no sabes por qué, pero se repite. Quizás un día te descubras diciendo que no a lo que más deseas en tu vida. Puede que huyas perplejo sin entender nada, o puede que ese día decidas preguntarte por qué. Y todo cambie. Puede que entonces conozcas tu sombra, aquello que te dijeron que era tan terrible de ti, y tú creíste, aquello que se fue realimentando con cada tropiezo, con cada fallo, con cada angustia. Y puede que al conocerla te des cuenta de que no hay día sin noche, que todo forma parte de todo, que la vida es un bello camino de aprendizaje, y que mereces vivir lo que quieres vivir.
El día que aceptes tu sombra, que comprendas por qué está ahí, cómo nació, y cómo ha proyectado tu camino en lugar de ser ella la proyectada… ese día, podrás mirar al mundo y decir:”quiero aportar mi luz, porque la tengo, y ya no tengo miedo de brillar”. Y entonces asistirás al cambio, al espectáculo mágico que es la vida, y sólo querrás amar, porque ya habrás aprendido que cuando te sientes digno de ser amado, lo eres sin más.


viernes, 14 de octubre de 2011

Dharma



La  palabra Dharma tiene varios significados en la filosofía oriental y todos acaban llevando al mismo punto, pero en este post me centraré en el Dharma como ese camino que pertenece a nuestro alma, ese camino por donde nuestros pasos fluyen sin esfuerzo alguno, y, finalmente, ese camino que además, da cobijo a las almas de quienes nos rodean.

El Dharma es el camino que nos pertenece porque cuando lo recorremos el tiempo desaparece, y la palabra “disfrutar” se queda corta para nuestra experiencia. Nos pertenece porque además lo recorremos sin esfuerzo, ya que es nuestro don, aquello que sabemos hacer y no nos cuesta. Y lo mágico del Dharma es que además otros se benefician de nuestros pasos.

Ahora piensa: ¿qué es aquello que te hace perder la noción del tiempo y disfrutar? ¿De qué manera otros se benefician de ello? Si encuentras la respuesta a estas dos preguntas habrás hallado un camino hacia tu alma. Ojalá alguien nos propusiese estas preguntas cuando somos pequeños, y ojalá el sistema educativo nos encaminase hacia los deseos de nuestro yo más profundo. Ojalá nuestros sueños de niños no se perdiesen en la gigantesca maquinaria del modelo social establecido... Pero no ocurre así: ¿recuerdas a aquel compañero de clase que se pasaba la vida haciendo dibujos extraordinarios en los márgenes de sus cuadernos? ¿en qué trabaja ahora? Probablemente nadie reparó en su arte, o en casa le dijeron que de sus dibujos no podría vivir. Y él o ella, poco a poco, lo fueron creyendo. Es así como vamos renunciando a nuestros dones, como si no tuvieran importancia, como si no sirvieran para nada… y nos vamos convirtiendo en una sociedad triste que mira a los cantantes, actores, directores, escritores, dibujantes, poetas, famosos cocineros, grandes académicos o creadores tecnológicos con admiración y resignación, pensando que ellos son los elegidos, y no hay más. ¿Elegidos? Yo diría que son Valientes. . . valientes que creyeron en su sueño, que lo tenían claro, que un día estuvieron dispuestos a volar por las estrellas aún a riesgo de perderse, de caer, de no volver. Valientes que no se desanimaron jamás y que hoy han hecho de sus dones su profesión, han seguido su Dharma, y por eso están donde están, porque lo que hacen disfrutando sirve a otros, porque una canción, un cuadro, o una película proporcionan momentos felices de inimaginables maneras a quien los recibe.
Yo hoy tengo una pregunta para ti, ¿estás dispuesto hoy, aquí y ahora, a ser valiente?¿estás dispuesto a recuperar tus sueños? Basta con que te escuches, con que recuerdes lo que más te gustaba hacer de pequeño… y des un paso adelante. Deja que crezca, conviértelo en tu hobby, apúntate a un curso, reúnete con gente a la que le gusta lo mismo, o introdúcelo en tu profesión. Conozco a una chica que trabaja como cajera en un supermercado que tiene un desarrollado don para detectar las emociones de los demás y siempre tiene un comentario amable para quien lo necesita, sabe que una sonrisa puede alegrar un día gris y su tiempo transcurre de forma diferente al de otros compañeros que no se molestan en mirar a la persona que tienen enfrente. Podemos expresar nuestro Dharma de muchas maneras, y ten por seguro que todos tenemos dones, que todos sabemos hacer algo bien y sin esfuerzo.
Y no creas a nadie cuando te diga que es tarde. No vuelvas a caer en la trampa. Apaga la tele y busca el tiempo que te pertenece. Naciste para crear, para explorar, para descubrir cosas que sólo tú puedes descubrir. Los dones nos sirven para navegar por la existencia infinita en sus infinitas formas, para volar por lugares imposibles y desterrar para siempre el tedio de la rutina. Deja que tu don entre en tu vida, de la forma que sea, y verás cómo el tiempo cambia y el mundo adquiere un poco más de color; hazlo por ti… y ten por seguro que lo estarás haciendo también por los demás. Qué mejor forma de honrar la vida que nutrirla de aquello que sabemos hacer mejor.

(Imagen carretera: Evgeni Dinev)
(Imagen abstract light: twobee)

lunes, 3 de octubre de 2011

Contradicciones

Como occidentales nos han educado en un mundo en blanco y negro, un mundo donde las cosas son buenas o son malas. Por eso nos cuesta tanto aceptar el negro, comprender los opuestos, y aún nos cuesta mucho más aceptar que algo puede ser blanco y negro al mismo tiempo. La visión maniqueísta de la vida se extendió por nuestra sociedad de la mano de películas con malos-muy malos y buenos-buenísimos, y programas infantiles del tipo “Barrio Sésamo” donde nos decían “ahora estoy cerca” y “ahora estoy lejos” pero poco o nada mencionaban el estadío intermedio. Así crecimos, y así, inconscientemente, empezamos a juzgar a las personas que nos rodeaban, a las cosas que nos pasaban y a nosotros mismos. Si las cosas sólo podían ser buenas de una manera, las contradicciones pasarían, lógicamente, a exasperarnos.
A lo largo de la vida, se nos romperían muchas veces esos esquemas, pero con creencias tan arraigadas, tan repasadas a través de la ficción, probablemente volvimos una y otra vez al mismo punto, a la misma visión, que nos convertiría en víctimas de los defectos ajenos e instalaría en nosotros una permanente lucha. Mis esquemas se rompieron pronto, cuando era una adolescente entregada al teatro y un director me dijo eso de “las personas no son blancas ni negras, existe una infinita gama de grises”; algo hizo entonces “click” en mi cabeza, pero no sería hasta bastante tiempo después que comprendí que no sólo eran las personas, sino las situaciones, las que tenían infinitas tonalidades, que incluso más allá del gris, algo podía ser blanco y negro al mismo tiempo. Hoy sé que es desde esa aceptación desde donde se puede caminar hacia adelante con serenidad.
Blanco y negro, bueno y malo, cerca y lejos, querer y no querer… contradicciones que existen en todos, en todo, y que llevan al agotamiento cuando no se aceptan. Sin embargo, también abren una nueva puerta a la comprensión del mundo -y de las personas- cuando se asumen, evitando tanto idealizaciones como odios, con todo el sufrimiento que ambos comportan.

Partimos de una premisa, y es que es muy difícil que una persona vea el mundo como lo ves tú. Cada uno carga con sus experiencias, creencias y herencias, y con ellos filtra todo lo que le rodea y acontece. En algunos casos compartirás sus visiones, y en otros, no lo entenderás, o te parecerá mal. Si eres tolerante, pasarás por alto aquello que no entiendes, pero aún así, si no asumes las contradicciones que te crean aquellos que te importan, sufrirás intentando evitar a toda costa los momentos que no compartes, intentando hacer comprender que tu visión es la correcta, o peor, pensando que puedes hacer que los demás cambien. Los demás cambiarán cuando quieran cambiar. 
Piensa en todas las discusiones que has tenido en tu vida, ¿cuántas veces has conseguido hacer que la gente cambiase de opinión? ¿De qué porcentaje de “éxitos” estamos hablando? ¿merece la pena sufrir por tener razón? Y por otro lado, ¿cuántas veces has dejado de disfrutar de algo bueno porque has encontrado alguna “mancha” en ello que no te gustaba? ¿Cuántas veces te  has perdido lo bueno porque no era “lo mejor”, lo “perfecto”? Todo se vuelve mucho más sencillo, menos cansado, cuando aceptas que la vida, como la gente, no es blanca ni negra, que necesita de los opuestos, y que muchas, muchas veces, se dan ambos colores  a la vez, o una mezcla de ellos.
Si abres la puerta a las contradicciones, te sorprenderás de lo bellas que pueden llegar a ser. Y es que más allá de lo contradictorio, brilla una luz diferente. Atrévete a conocerla y el mundo se llenará de color.
Vuelvo a traspasar el plano de los opuestos de la mano de Jason Mraz, con “A Beautiful Mess”, bello caos, bonito desastre… convertido en canción:
(No me gusta traducir canciones de amor, son besos del alma que pierden demasiado si los toca la mente. Pero seguro que alguna vez te has encontrado en medio de un caos que te resultó bonito, quizás hayas amado a alguien con todo aquello que comprendías y aquello que no. De eso habla la canción, pero tampoco importa demasiado, realmente sólo quería mostrarte la belleza que puede nacer de la aceptación de la contradicción y para eso, basta con escuchar).
(vídeo subido por unfold1234)

sábado, 27 de agosto de 2011

Recuperando a Bach

Hace poco vinieron a casa unos amigos con su hijo de dos años. Mientras él jugaba muy entretenido con unas maravillosas cajas vacías convertidas en universos enteros, los “adultos” charlábamos tranquilamente. Se me ocurrió poner algo de música y elegí a Bach. Dejé la música muy bajita sólo para que acompañara el ambiente. En cuanto empezó a sonar, el niño dejó sus cajas y vino corriendo hacia donde estaba la cadena. Se plantó delante de ella y simplemente, empezó a bailar. Nos miraba de vez en cuando con una sonrisa en la cara, pero seguía vuelto hacia el objeto de su fascinación, hacia el lugar de donde provenía la música.
Muy probablemente dentro de un tiempo las cajas ya no serán universos, sólo cajas vacías. Y Bach será “un rollo”. A eso le llamamos “etiquetar”. Así funcionamos. Poco  a poco vamos limitando objetos, personas, situaciones vividas. Vamos restringiendo nuestra visión, y perdiendo posibilidades, a la par que creamos redes neuronales cada vez más fijas. ¿Sabías que un bebé nace con 100.000 millones de neuronas? En ese momento, cualquier cosa es posible, ya que no habrá redes sólidas entre ellas que se impongan a otras. A medida que las vaya creando, las posibilidades se irán reduciendo. Por ejemplo: un bebé de 6 meses es capaz de distinguir entre las caras de monos que a nosotros nos parecen idénticos a través de fotografías. A los 9 meses ya no será capaz, porque se acostumbrará a ver adultos humanos, y su cerebro desechará una habilidad que no le es útil (*). Michelle de Haan, del University College de Londres dijo al respecto:”Generalmente, pensamos en el desarrollo como ganar habilidades, de modo que es sorprendente que los bebés pierdan ciertas capacidades a medida que crecen.” Pero así es. Lo mismo ocurre con nuestra capacidad de escucha, por ejemplo. Y sigue ocurriendo como adultos, a medida que etiquetamos cosas como no importantes, no válidas, imposibles, inútiles, aburridas y un largo etcétera. Simplemente con poner nombre a las cosas, dejamos de ver las cosas para ver los nombres.
Sin embargo todo este proceso es necesario para desenvolvernos en el mundo, la experiencia y su volcado en lenguaje abstracto son necesarios para poder tomar decisiones cada vez más complejas y centrarnos con rapidez. Pero una vez más, estamos ante una herramienta que ha de servirnos y no dirigir nuestra vida. Si perdemos toda nuestra inocencia, si damos por hecho que las cosas son como las llamamos, el mundo se irá haciendo cada vez más pequeño, más oscuro y más aburrido, levantaremos murallas cada vez más altas y nos obligaremos a recorrer nuestras vidas a través de estrechos pasillos... y pensaremos que ese laberinto que nos hemos inventado es la realidad. Haríamos bien en revisar nuestras etiquetas, atrevernos a retirarlas por un instante y volver a mirar, volver a experimentar como si no supiésemos cómo son las cosas. A poco que nos pongamos a ello dejaremos que la vida pueda brillar en un espacio más grande. Mirar con una perspectiva nueva, y más amplia, es todo un reto para el ego, que se identifica con las creencias pasadas y se aferra a su seguridad, pero no hay nada más sanador y bello que levantarse por la mañana y proponerse descubrir algo nuevo en lo conocido. Si lo haces, verás la magia crecer en tu vida, y a la vida crecer en la magia.
Y para empezar a practicar, tal vez puedas ir al trabajo por un camino diferente, apagar la tele para disfrutar del sabor de la comida con los ojos cerrados, sentir la vida en tu cuerpo por un instante, quedarte quieto y comprobar que esa misma vida late por todas partes. Introduce pequeñas novedades y ellas serán las maestras que te enseñen a mirar para ver realmente la grandeza de lo que observas.
Yo, aquí y ahora, te invito a cerrar los ojos y escuchar este concierto como si no supieras lo que es un violín :)
Vídeo subido por Classical music only
*experimento realizado en la Universidad de Sheffield (South Yorkshire, GB) dirigido por Olivier Pascalis.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Conceptos: Religión y Espiritualidad

Muchas veces se confunden términos que en la práctica significan cosas muy diferentes. Vamos a ver si podemos arrojar un poco de luz sobre esta confusión.
A poco que miremos, todos tenemos las preguntas vitales a flor de piel, preguntas sobre el sentido de la vida que no se pueden responder con lo físico aparente –al menos por ahora-. La espiritualidad es el impulso que intenta dar respuesta a esas preguntas: quiénes somos, a dónde vamos, qué hacemos aquí. La espiritualidad es, por tanto, una condición innegablemente humana, que además suele quemar cuando no se le presta atención.
Ahora bien, ante la necesidad espiritual, ante la búsqueda de plenitud, se pueden escoger dos grandes vías: la religiosa o la personal.
La vía religiosa se servirá de una religión. Por religión nos solemos referir a una institución organizada que dicta una normativa moral de comportamiento en función de las respuestas que ella ofrece a las cuestiones vitales. En algunas  religiones, si se observa esta normativa, si se acoge y cumple, está garantizada una salvación eterna. Pero ¿salvación de qué? En muchos casos, de un cierto defecto con el que se supone nacemos y que nos abocaría irremediablemente a un sufrimiento también eterno tras la muerte. La institución en concreto se encarga de guiar a sus fieles en su camino, interpretando sus textos sagrados, y en algunos casos hace de intermediaria con la divinidad o divinidades a las que adora. Quienes se acogen a una religión, asumen que la verdad la tienen quienes jerárquicamente están por encima de ellos, -hombres estudiosos de los libros seleccionados-, y ante ellos, como intermediarios con la divinidad, responden. La mayoría de las grandes religiones tienen un carácter marcadamente expansivo.
La vía personal intenta dar respuesta a las preguntas vitales: quiénes somos, a dónde vamos, qué hacemos aquí. Pero como camino personal, no se acoge a ningún dogma, a ninguna normativa. Quien siente curiosidad, investiga y busca por todas partes, pero no ha de rendir cuentas a nadie salvo a sí mism@, puesto que considera que la responsabilidad moral y ética está clara dentro de cada uno de nosotros, que la verdad es enorme y no tiene que reducirse a un conjunto de normas, ni de libros; que es el saber – y por tanto nuestra capacidad de aprendizaje- lo que nos dará la libertad de crear un bienestar propio y común. Es una vía filosófica, y bastante más experimental que teórica, que se encuentra muchas veces también en la propia ciencia.
Por último, aclarar que el Yoga entra dentro de la vía personal. Hay religiones que se han servido de algunas partes del Yoga, pero el Yoga, más allá de su sana vertiente física, no es sino la invitación a explorar la verdad que existe dentro de nosotros, a aprender lo que nadie nos puede enseñar, a unir los trozos en los que hemos dividido nuestra existencia (“yoga”= “unión”). El Yoga se sirve de maestros que experimentaron antes, que están seguros de que en cada persona no hay defecto sino un potencial inmenso a desarrollar aquí y ahora; maestros que te pueden enseñar las técnicas que a ellos les sirvieron, y que te mostrarán diferentes vías hacia el conocimiento; pero todos te dirán que sólo tú puedes recorrerlas, que sólo tú puedes descubrir quién eres, a dónde vas y qué haces aquí.
Sea como sea, hayamos elegido la vía que hayamos elegido, vivamos y dejemos vivir, porque más allá de las instituciones, somos personas, y en el fondo, todos buscamos lo mismo: no somos más que seres asustados ante la muerte que buscan una respuesta al sentido de existir. Y si tenemos esa capacidad de preguntar, es porque hay una respuesta. Dejémonos equivocarnos, aprender, desaprender, danzar, correr, volar, amar. Comprendamos nuestro miedo, y el de los demás, y algún día entenderemos que el odio jamás fue la respuesta para ninguna cosa.
Mi visión, como buscadora y yoguini, es que la Danza del Universo es una, inmensa, desbordante y maravillosa, pero hay millones y millones de buscadores diferentes bailando, aportando sus compases, su belleza, sus preguntas, su valentía de vivir a cada instante y su sentir.  Y eso es lo que hace que todo este baile sea tan fascinante. Y eso es lo que me lleva a compartir aquí mi propia experiencia. Gracias por compartir la vuestra, por esas 4000 visitas y vuestros amables comentarios. Gracias por seguir ahí, danzando en este rincón del universo J
(Imagen puerta: Danilo Rizzuti; Imagen loto: seaskylab)

viernes, 12 de agosto de 2011

El "enjuiciador"

Dentro de tu mente hay una voz permanente, una especie de “enjuiciador” (aceptemos la palabra para este post) que otorga su dictamen a cada cosa que haces, a cada pensamiento que tienes. Habla siempre, y te has acostumbrado tanto a ella que ya ni te das cuenta de que está, de que acompaña cada uno de tus pasos, dirigiendo tu ego. Ese enjuiciador se formó hace mucho tiempo, a la par que tu propio personaje, se alimentó de las cosas que te decían las personas que más te influyeron de pequeño: si eras bueno, malo, travieso, distraído, tonto, listo… Tú, que sólo querías que te quisieran, escuchabas atentamente para intentar amoldarte a lo que "estaba bien". Así nació ese enjuiciador, que te ayudó a aprender y recordar cómo debías ser, que hoy encuentra cualquier excusa para darle la razón a los que te decían que eras tonto y malo, o reafirma tu temor de no ser ya todo lo bueno y listo que eras antes, cuando las cosas eran más sencillas. Y lo peor es que esa voz se sigue alimentando hoy también de juicios externos, o de lo que tú piensas que son juicios externos y que en el fondo desconoces, dando lugar a historias que sólo existen en tu mente, montándote pelis que te afectan en tu vida cotidiana
Si estás harto de ese enjuiciador personal desfasado y cuentista, el primer paso para librarte de él es hacerte consciente de que existe, y el segundo, escucharle con todo el amor del que dispongas, porque ese enjuiciador no es más que el niño que fuiste y que aún vive dentro de ti, y que desea hacer las cosas bien para ser amado, o justificar en actos externos que no te sientas querido. Eso es todo. Después, réstale importancia a esos juicios caducos, y mira con los ojos de hoy, dejando que las cosas sean como son, dándote la oportunidad de ser como eres. ¿De verdad tenía razón el enjuiciador? ¿eres tonto por haberte equivocado? ¿eres malo por haber dicho que no a algo? ¿existen las personas perfectas?.
Sólo desde la consciencia y desde el amor por ti mism@ puedes iniciar un cambio si lo deseas, pero piensa antes por qué deseas cambiar, o para quién. Debes cambiar para ti y no para los demás, porque cada uno de nosotros arrastra su propio enjuiciador, nuestra propia lucha absurda con nosotros mismos para ser amados, y todos tendemos a juzgar en el resto cosas en las que nos sentimos fracasados en esa lucha interna. Todos estamos aprendiendo.
Sólo si aceptas lo que eres ahora, y encuentras el amor incondicional dentro de ti, otorgándote el derecho a equivocarte y perdonándote para aprender, podrás caminar lo suficientemente ligero de equipaje para llegar lejos. En ti existen todas las puertas que abrirán las respuestas a tus preguntas; en lo más profundo de ti, donde aunque no lo creas sólo existe el Amor, sabes lo que debes o no debes hacer y por qué actúas como actúas. Sigue tu camino, deja que los demás sigan el suyo, celebra los encuentros, y también los desencuentros, y no dejes de detenerte a observar un mundo lleno de vibrante vida que cuenta con tus pasos para seguir evolucionando.  

martes, 26 de julio de 2011

Buscadores como Amy

Sexo, drogas & Rock´n´Roll, el famoso trío que tan frívolo puede parecer, y que quizá a primera vista lo sea, oculta en un segundo vistazo realidades mucho más profundas. Son tres vertientes de una misma necesidad: la de llenar el vacío existencial que tenemos todos en una sociedad que ha perdido la referencia del sentido de la vida. Son tres caminos que durante milenios han sido utilizados con sabiduría para llegar al profundo conocimiento del ser. Lo saben los chamanes que utilizan las plantas maestras  para crear estados alterados de conciencia que permitan ver más allá del consciente. Lo saben los yoguis tántricos que durante milenios han utilizado el sexo sagrado como una pequeña parte de sus prácticas hacia el conocimiento y la fusión con lo absoluto. Lo saben los músicos que han traído tanta y tanta belleza que ha podido impregnar sus vidas y las ajenas, o los que utilizaban los sonidos para despertar cuerpos y almas dormidos. Hoy, en occidente, lo intuyen, de alguna manera, la mayoría de quienes buscan en cualquiera de esas tres vías colmar su vida, y lo convierten en su cárcel quienes en ellas acaban buscando la huída. ¿Qué es lo que ocurre?
La sensibilidad es un don, un don maravilloso, pero puede ser infernal en un mundo en el que todo el mundo huye de su vida interior porque ha perdido el control sobre ella y le duele. Sin embargo la sensibilidad es también la bendición que le permitirá a una persona conocerlo todo un poco más allá de lo aparente, conectar con la Vida en lo más profundo de su éxtasis, bucear por el océano de la creatividad  y rescatar cosas bellas para traerlas al mundo y que todos puedan disfrutarlas. Esos viajes oceánicos llevarán a artistas y otros buscadores a conocer algo más de la existencia… y es que… ¿dónde está una melodía antes de ser compuesta? ¿dónde estaba aquella historia antes de que alguien la escribiese? Pero también, a mayor sensibilidad, más preguntas, más océano, más contraste con el mundo habitual…más difícil es llegar a casa y vivir como si todo lo demás no existiera, pasando de puntillas por las emociones de los que huyen. Mayor es, en definitiva, la sensación de brecha entre lo interno y lo externo.
A su vez, cuando un artista tiene éxito, cuando tiene permiso para ir y venir del campo creativo y es alabado por ello y es ésa su forma de colmar la existencia, pero la existencia no se llena; cuando un artista tiene todo lo que se supone que hay que tener para ser feliz en esta vida, y no lo es porque esa suposición social es errónea, y la brecha sigue abierta, puede explorar las otras dos vías… y lo normal es que si lo hace, las otras dos tampoco consigan hacerle feliz. Porque ni las drogas serán maestras ni el sexo será sagrado, porque faltará en ellos un conocimiento que durante milenios ha sido ocultado y denostado por los poderes religiosos. Porque se habrán convertido en cárcel en lugar de camino.
No es extraño ver entonces a tantos talentos artísticos desviarse en algún momento de ese trazado artificial y empezar a explorar un camino espiritual. Desde los Beach Boys a Sting, pasando por los Beatles, por nombrar sólo a unos pocos de los grandes que se acercaron a la India, al Yoga y a la meditación en busca de esa plenitud que el recorrido occidental difícilmente ofrece. Muchos han encontrado en ese camino su camino, el de otros no pasaba por allí, y algunos otros construyen puentes de sentido sobre la brecha abierta, mostrando una increíble fortaleza de la que probablemente ni sean conscientes.
Vaya este post para todos esos buscadores artísticos, que nos recuerdan la inmensa belleza de un Universo creativo que se expresa a través de sus obras, de sus voces y de sus almas. Vaya, especialmente, para aquellos que como Amy Winehouse, se perdieron en la inmensidad. Gracias a todos por lo bello, y aún más allá, gracias por la esperanza de lo sublime.
(Imagen:topstep07)

viernes, 22 de julio de 2011

Vacaciones

Dicen los orientales que los occidentales enfermamos porque no sabemos dejar descansar a la mente. Cuán cierto es, y más hoy en día, con la saturación sensorial y mental a la que estamos expuestos de continuo. Y lo peor es que vamos asumiendo que ése es nuestro estado habitual, hasta que se convierte en lo “normal” para nosotros. Hasta que un día, te metes en una clase de Yoga, o te acercas a la montaña, o a alguna cala perdida en la costa, te relajas de verdad y te das cuenta de que no es cierto, que tu estado natural no es el que piensas, sino que es el de profunda armonía con tu entorno. Te das cuenta entonces de lo estresado que estabas, de lo anti-natural que es vivir sin un minuto para la contemplación.
La palabra Vacaciones viene del latín, “vacatio” = “tiempo de vaciamiento”. De “reseteo”. Como lo quieras llamar, pero tiempo para dejar descansar la mente. Porque la mente no descansa ni cuando dormimos. Se ocupa quizás de otros temas diferentes a los de la vigilia, pero no descansa. ¿Cómo darle entonces un respiro?
Siempre está la meditación, una de las costumbres diarias más sanas que puedes adquirir, y  también es estupendo aprovechar las vacaciones para hacer algo totalmente diferente, y siempre, para dedicar un tiempo a la contemplación en algún lugar natural –vale un parque-. Siéntate en contacto con la Tierra, como han hecho miles y miles de generaciones antes que tú. Y observa. Pero observa de verdad. Mira las hojas de los árboles, o las olas de mar, y reposa allí tu mente. Si se va, vuélvela a llevar a ellas. Contempla de verdad, sin enjuiciar, sin pensar, sólo mira, como si nunca hubieras mirado a los árboles, como si no supieses lo que es el mar. Verás cómo sin concepciones pasadas, lo que te rodea adquiere una belleza especial: el brillo del presente. Observa a los animales en sus quehaceres, o en su quietud. Al rato, te darás cuenta de la falta que te hacía.
Y no te olvides de apagar el móvil, el ordenador, la tele… al menos durante unos días… verás cómo se enciende tu percepción natural, cómo brota el bienestar de tu conexión con el entorno. Porque toda la tecnología del mundo sirve a tu mente, y tu mente te sirve a ti... pero si no la dejas descansar, entrarás en un estado de continua agitación de base, que con el tiempo considerarás normal, sin darte cuenta de que perdiste la referencia de lo que es encontrarse realmente bien. Date la oportunidad de recuperarla en vacaciones. Olvida todo ese mundo virtual, y las preocupaciones por lo que no sabes si ocurrirá. Quédate en la Tierra, toma contacto con ella de verdad, aquí, ahora… y verás cómo cada momento está increíblemente lleno de Vida… no te la pierdas.
Gracias por leerme. Feliz Verano J

viernes, 15 de julio de 2011

¿Decisiones?



Decían los existencialistas como Sartre que el ser humano está condenado a decidir. Pero, ¿en base a qué decidimos? ¿lo hacemos con entera libertad? No nos damos cuenta de lo condicionadas que están nuestras decisiones hasta que nos damos un garbeo distante por nuestra mente y nuestras creencias.
Cuando lo hacemos, sin embargo, algo en nosotros hace “click”, porque cuando te observas y echas un vistazo atento a tu forma de reaccionar te haces consciente de que muchas de esas reacciones son heredadas por un lado y, por otro, que muchas otras vienen arrastradas de interpretaciones de ti o del mundo que hiciste cuando eras pequeño… Cuando haces una revisión sincera de estas últimas te das cuenta de que algo que decidiste a los 5 años está condicionando hoy tu forma de responder a la realidad. No tiene mucho sentido, ¿no?
Cuando traemos una de esas creencias que establecimos siendo un niño o una niña  al momento presente, la sacamos a la luz y la revisamos, la estamos actualizando. Y para ello a veces basta con pararse un momento a reflexionar sobre ella. ¿Tienes que seguir actuando así? ¿Tienes que seguir evitando/buscando eso? Puede que pienses que se te da mal hacer alguna cosa porque en el colegio lo intentaste, tuviste un mal día y no te salió. A lo mejor no lo has vuelto a intentar y es el momento. Como ese ejemplo puede haber infinitos.
Y es que la mayor parte de nuestras reacciones son automáticas, es decir, ya no son decisiones, ésas las tomamos hace mucho. Si paras por un instante a pensar por qué te molesta tanto algo, por qué te agrada tanto eso otro, y vuelves al punto en el que tomaste la decisión de “esto me agrada/esto no” tal vez te des cuenta de que tu reacción está anticuada, que no se corresponde con lo que realmente eres hoy.
El ego sin embargo tiene miedo de cambiar de opinión, se aferra a lo conocido porque se identifica con ello y dice “es que yo soy así”… ¿De verdad?... ¿y tú realmente quieres “ser así”? Estás seguro en lo conocido, sí, pero ¿no quieres darte la oportunidad de verte ante un mundo nuevo, un mundo en que tú decides como adulto cómo actuar ante la vida, un mundo enorme? Siempre, siempre, puedes elegir nuevos caminos, porque estás en constante evolución, y precisamente de eso se trata.
Como decía Wayne W. Dyer:
no tienes que seguir pensando de una forma sólo porque siempre has pensado así
Revisar y actualizar tus creencias es devolverle libertad a tu vida para vivir en un mundo más grande... ¿te atreves?
(Imagen:m_bartosch)

sábado, 25 de junio de 2011

Celebrar

Las personas que han estado en misiones humanitarias alejadas del “primer mundo” suelen coincidir en contarte que alucinaron al volver a casa, abrir el grifo y que saliera agua. ¿Te has parado a pensarlo? Es un milagro, no sólo que haya agua, sino que se almacene y se conduzca a través de kilómetros y kilómetros de tuberías para ti, para que tú puedas levantarte por la mañana, saciar tu sed y despejarte debajo de un buen caudal. Si realmente te paras a pensarlo un poco cada vez que te metes en la ducha, aparecerá el agradecimiento en ti, sentirás con mayor intensidad la placentera sensación del agua tibia sobre tu cuerpo… y si dejas tus sentidos inmersos en ella, tu mente se aquietará, se amplificarán el agradecimiento y el placer, y empezarás cada mañana con una celebración que te habrá llenado de energía.
¿Y cuándo te haces un café? ¿Te has detenido un instante a recorrer el camino que ha hecho hasta llegar a ti? Ese café ha necesitado sol, tierra, aire, agua estable y no torrencial, ausencia de plagas, el mimo de sus agricultores (si es de comercio justo sobre todo), las manos que lo han transportado, las que te lo han vendido, el trabajo que has realizado para comprarlo... Si te fijas, puedes ver el universo entero en un solo grano de café. ¿No es  otro milagro que esté en tu cocina? ¿No quieres celebrarlo?
Puedes pasar el resto del día fijándote en los pequeños milagros cotidianos, y verás que la vida está llena de ellos. Que tienes tantas cosas que agradecer, tantas cosas que celebrar… que quedará menos espacio para sufrimientos sin sentido. Prueba, sólo se trata de estar un poco atento, y tendrás motivos para sonreír a cada paso del camino.
Hace poco que mi abuela ha cumplido 90 años. Nadie se los echaría. Está llena de alegría, de risa, de amor. Los da a raudales porque algo le dice que es su tarea. Le duele todo el cuerpo, pero no deja una sola caricia por dar. Fue ella, que vivió una larga guerra en Madrid y una eterna post-guerra, quien me enseñó de muy pequeña el inmenso placer de la ducha por la mañana, la vida que comparte una flor, el gozo simple y puro de observar una puesta de sol. Fue ella la que era capaz de bañarse entre risas conmigo en el mar en pleno otoño mientras el resto del mundo se llevaba las manos a la cabeza, la misma que hoy me pide que le explique cómo funciona todo esto de internet, porque siempre quiere saber. Por eso no puedo sino dedicarle este post a ella, Oliva, que me enseñó la danza y que aún hoy me sigue sorprendiendo con sus extraordinarios pasos de baile.
(Imagen fuegos artificiales:tungphoto)

sábado, 28 de mayo de 2011

Paradigmas

Los paradigmas son conjuntos de creencias que conforman una visión del mundo. Naturalmente, han ido cambiando con los avances sociales y científicos a lo largo de la historia de la humanidad. Y antiguamente, cada sociedad tenía el suyo dependiendo de su localización geográfica. Con la globalización es más sencillo encontrar paradigmas idénticos en dos partes del globo muy alejadas entre sí.  
Si a raíz de Descartes se sistematizó en Occidente la visión del mundo dual que dividía la percepción en sujeto-objeto (yo soy yo-el resto del mundo que veo no soy yo), la cosa está ahora cambiando: la física y la neurobiología de las últimas décadas, se aproximan de manera certera al no-dualismo, llegando una y otra vez a la conclusión de que no se puede separar al observador del objeto observado. Esto es subir de nivel en la percepción, pero todos los días se experimenta en los más punteros laboratorios científicos el hecho de que el comportamiento de una partícula subatómica como es el electrón depende efectivamente del observador. El principio de dualidad onda-partícula se refiere a la asombrosa capacidad de los electrones de comportarse como una onda o como una partícula. Si el observador va a medir su masa, el electrón se comporta como una partícula, si lo que va  a medir es su frecuencia, se comporta como una onda. Chocante, ¿no?
Y esto es sólo la base explicada de la forma más sencilla posible, de ahí a las cosas asombrosas que pasan esos laboratorios hay miles de artículos por escribir. No se cuenta mucho en los colegios, institutos o en los telediarios. Lo enseñan en las ingenierías sin plantearse cuestión filosófica alguna: que el comportamiento de los electrones depende del observador… Pero  entonces… si en última instancia las moléculas que conforman nuestro cuerpo están hechas de átomos, y éstos de electrones… si somos electrones vibrando, si el aire que nos rodea es electrones vibrando… si todas las cosas son electrones vibrando… y un observador influye en el comportamiento de un electrón… ¿Todo lo que veo está influenciado por mí? ¿Y quién es realmente el observador? A nuestro viejo paradigma cartesiano le queda poco tiempo.
Pero hay culturas en las que esto no es nada nuevo. En Oriente no les hacía falta saber que vivimos inmersos en una enorme sopa cuántica de electrones que vibran y en los que influimos para decir “Todos somos uno” y desarrollar desde hace miles de años, una filosofía no-dual que propone que realmente yo y el mundo somos uno. Yo creo mi mundo al observarlo.
La escuela de filosofía no-dual Advaita se enmarca dentro del Vedanta, una corriente filosófica con miles de años de tradición que nos llega desde la India. Muchos retazos del no-dualismo, de todas formas,  se han colado en nuestros más insignes filósofos occidentales, entre otras cosas porque en Grecia, la cuna de nuestra cultura, era costumbre que los sabios viajaran a Egipto y absorbieran un conocimiento que no estaba tan lejos de la India. El mito de la caverna de Platón, que nos dice que lo que vemos son sólo las sombras de lo real proyectadas en la pared de la cueva, es un buen ejemplo. A la ilusión de confundir las sombras con la realidad le llamamos “Maya”.
Llegué al Vedanta a través del Yoga, quería saber qué pasaba en las clases, por qué me sentía tan bien, qué era todo aquello y de dónde venía. Investigué, leí, pregunté. Descubrí otra forma de mirar el mundo. Estoy convencida de que el próximo paradigma estará inevitablemente empapado de no-dualismo… y eso es muy necesario para dejar de hacernos daño los unos a los otros, porque en lo más profundo de la realidad no hay “unos” y “otros”… Todos somos uno.
Si quieres saber más sobre este tipo de paradigma de la mano de un experto en Vedanta Advaita, el próximo 11 y 12 de Junio estará en el Centro Nagual Sesha, un gran maestro internacional. En este interesante vídeo le puedes ver charlando con el célebre autor español Álex Rovira:




 

 


martes, 24 de mayo de 2011

La aceptación y el dolor


Aceptar el momento presente es clave para la tranquilidad. Realmente efectivo en momentos de crisis. Realmente sanador en momentos bellos. Ocurre que nos resulta difícil en ambas ocasiones. En la primera porque nos resistimos profundamente a ello, queremos otra cosa. En la segunda porque empezamos a desviar energía hacia el apego… que dure, que no se vaya nunca este momento. Son dos formas de generar sufrimiento, las dos, caras de la misma moneda.
Si hablamos de momentos de crisis, como dice Mariano Alameda, que dirige el Centro Nagual, una cosa es el dolor, y otra lo que tú hagas con ese dolor. Esto último es lo que deriva en sufrimiento, porque ante el dolor, puedes montarte una peli de victimismo o de terror imaginando que todo va a peor, o quizás que todo te pasa a ti, puedes resistirte al momento presente, mirar hacia otro lado luchando continuamente por no volver la vista… y en cualquiera de los casos habrás convertido tu dolor en un fantasma. El problema con los fantasmas es que ni siquiera los puedes tocar. Procesar ese dolor será infinitamente más difícil.
Y resulta que los humanos poseemos una asombrosa capacidad de resiliencia, aunque nadie nos hable de ello en el cole. Es nuestra capacidad de gestionar dolor, enfrentar una crisis e incluso salir fortalecidos de ella. Pero la resiliencia pasa por la aceptación: del presente por un lado, y de nuestra propia capacidad de cambio por otro. Y se puede desarrollar. La gente de la Asociación Terapéutica Psikolausen, acostumbrada a tratar con duelos y pérdidas significativas, habla de la necesidad de comenzar el camino del autodescubrimiento, para saber qué tenemos ya y dónde necesitamos trabajar para fomentar dicha resiliencia.
Si aceptas que puedes cambiar, que el dolor ya duele bastante y no quieres añadirle sufrimiento, una herramienta que te puede enseñar a aceptar también el presente es, una vez más, el Yoga, el descubrimiento del Yo más allá del barullo mental, la unión con el medio en el ahora. La que hace que los fantasmas se evaporen. Porque el sufrimiento sólo existe fuera del presente, pero no existe otra cosa más que el presente. Tú decides dónde quieres vivir.
(Imagen: prozac1)

miércoles, 11 de mayo de 2011

Life Is Wonderful (Jason Mraz, 2005)

¿Habría un amanecer sin la noche? ¿Existiría el blanco sin el negro? ¿la luz sin la sombra? ¿la vida sin la muerte? No estamos acostumbrados a pensar más allá de nuestra incesante búsqueda del placer, pero si nos paramos  a pensarlo, la lógica más pura nos lleva a admitir que este mundo en que vivimos necesita de eso que nosotros consideramos opuestos para seguir su curso. Nuestro problema como occidentales es que pensamos que los opuestos son excluyentes. No es así, son mutuamente necesarios y van de la mano. Si conseguimos admitirlo, habremos elevado nuestra mirada más allá de ellos, y será entonces cuando comprendamos que “más allá del bien y del mal, hay un lugar” y nos dejemos llevar por una vida que Es.
Con lo bueno y lo malo, con las cosas que añoramos y las que queremos olvidar, con las que nos espantan  y las que admiramos… con todo… la vida es maravillosa. Porque en medio del horror encontrarás tu propia compasión. Podría decirse, como lo hace Jason Mraz en esta canción, que la vida es, como también  representan el Yin y el yang, un círculo, compuesto de dos mitades necesariamente complementarias, dos mitades que se conocen, puesto que dentro de ellas hay una parte de la otra. Puedes mirar una mitad, puedes mirar un poco más allá su complemento. Puedes darte cuenta de que la una tiene una parte de la otra. O puedes salir fuera y ver que es un círculo, cerrado, completo y perfecto, al que subyace el Amor.

De todo esto habla Life is Wonderful:        

Hace falta una grúa para construir una grúa
Hacen falta dos pisos para que haya una planta
Hace falta un huevo para hacer una gallina
Hace falta una gallina para hacer un huevo
No hay fin a lo que estoy diciendo

Hace falta un pensamiento para construir una palabra
Y  una palabra para hacer una acción
Y requiere algún trabajo que trabaje bien
Hace falta algo bueno para hacer que duela
Hace falta algo malo para llegar a la satisfacción

La la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la la… la vida sigue círculos cerrados      
Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Al la la la la

Hace falta  una noche para hacerla amanecer
Y se necesita un día para hacerte bostezar, hermano
Hacen falta algunos viejos para hacerte joven
Hace falta algo de frío para conocer el sol
Hace falta lo uno para tener lo otro

No hace falta tiempo para enamorarse
Pero hacen falta años para saber lo que es el amor
Hacen falta algunos temores para conocer la confianza
Hacen falta algunas lágrimas para oxidarla
Hace falta algo de polvo para abrillantarla

Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la la… la vida sigue círculos cerrados
Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la.... es así, es así...

Hace falta el silencio para crear sonido
Hace falta perder antes de encontrarlo
Hace falta una carretera para ir a ninguna parte
Hace falta un peaje para hacer que te importe
Hace falta un agujero para hacer una montaña

Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la la… la vida sigue círculos cerrados
Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la la…la amor está llena de sentido
Ah la la la la la la… la vida es maravillosa
Ah la la la la la la… la vida es tan… maravillosa
Ah la la la la la la… la vida está tan llena de sentido…
(Vídeo subido por Jenelle Carter)
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