sábado, 31 de diciembre de 2011

BIG (Penny Marshall, 1988)

Vivimos creando una curiosa paradoja: conocemos lo nuevo partiendo de lo ya conocido. Ya hemos hablado alguna vez de que tenemos nuestra peculiar forma de manejarnos por el mundo: asignamos nombre o etiquetas a las cosas y a partir de ahí, dejamos de ver las cosas para ver los nombres. Es el pensamiento abstracto. Esto, indudablemente, nos facilita manejarnos por el mundo con rapidez, no tenemos que estar a cada paso analizando cada cosa que nos encontramos para determinar lo que es. Ahora bien: convertirlo –como lo hacemos- en algo permanente, va limitando poco a poco nuestro universo, puesto que constantemente “tiramos” del pasado, de lo ya conocido, para conocer cosas nuevas... Así, difícil es que veamos las cosas tal y como realmente son porque siempre están contagiadas por nuestra experiencia previa, y difícil es también que sepamos apreciar la vida en todas sus facetas.
Y así, llega un día en que las personas ya no quieren lo nuevo, tienen su mundo tan fijado, tan reducido y apoyado en unos cimientos tan profundos que si una novedad rompe sus esquemas, atenta contra sus etiquetas más primigenias, contra las concepciones que pusieron la primera piedra de  sus creencias, entonces, temen que se derrumbe el edificio de su existencia. Ya no quieren crecer más. Lo que queda entonces, es envejecer, porque la vida no se detiene. 
Es tan buena costumbre dedicar un rato al día a intentar mirar lo que nos rodea como si no lo hubiésemos visto nunca... descubrirás nuevos matices en tu propia casa, en los colores, en el ambiente, en las hojas de los árboles que caen en un parque… descubrirás un mundo nuevo más allá de lo acostumbrado y podrás disfrutar enormemente de cosas comunes, encontrando la magia tal y como lo hacen los niños. Y es de ellos de quienes podemos aprender a reeducar nuestra mirada.
Big habla de Josh (David Moscow) un niño que desea ser grande y ve su deseo concedido. Tom Hanks interpreta maravillosamente al niño metido en un cuerpo de adulto. "Big" va del descubrimiento de la vida que hace Josh, pero creo que –sobre todo- va del descubrimiento de la vida que hacen quienes rodean a ese Josh de 13 años convertido en “grande”. Asistimos a una de las secuencias más famosas: la del piano. Joseph pasea con el Sr.MacMillan (Robert Loggia), su jefe y dueño de una fábrica de juguetes por una exposición… (por favor, no dejes de fijarte en el reparo inicial del Sr. MacMillan ;)



Mi deseo para este nuevo año es que los adultos seamos capaces de dejar un poco a un lado esa seriedad y ese aire de superioridad que nos caracterizan y podamos adquirir la suficiente humildad como para dejar que los niños nos enseñen lo que un día olvidamos, y que con su visión clara y nueva nos ayuden a comprender lo grande que es la Vida. Es en ese conocimiento donde se esconde nuestra felicidad más profunda... ¡¡Feliz 2012!! Gracias, miles de gracias, por seguir ahí, danzando en este rincón del universo :)
(Vídeo subido por canceriansoul)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Elegir

Se acerca el nuevo año. Y de forma natural surge en nosotros una cierta esperanza, como si se nos dieran nuevas oportunidades con el comienzo del nuevo ciclo. Así es, y  así pasa con todos los ciclos. Cada día es una nueva oportunidad para retomar la vida. De hecho, lo es cada instante, aunque nos pesa tanto la memoria que no somos capaces de ver la frescura de cada nuevo momento, porque no dejamos morir los momentos anteriores. Eso nos resta capacidad de decisión. Lo cierto es que siempre existen opciones. Siempre. Puede que sean descabelladas, inciertas o no aconsejables… pero existen. Y más allá de ellas, existe nuestra libertad interior; ejercerla implica tomar responsabilidad de nuestra forma de pensar y de reaccionar ante las cosas que nos pasan.  
Víktor Frankl, neurólogo y psiquiatra que estuvo preso en varios campos de concentración nazis, cuenta que lo que le hizo sobrevivir fue precisamente saber que a pesar de que le habían arrebatado tantas y tantas cosas, había algo de lo que nadie podía apoderarse: su libertad interior; la libertad de elegir cómo reaccionar ante el horror que estaba viviendo. Simplemente eligió no desistir… y en medio del caos, se encontró a sí mismo. Ese contacto con su libertad interior fue lo que le mantuvo vivo, lo que en numerosos casos mantuvo vivas a las personas que sobrevivieron.
Ocurre que estamos enredados en nuestros propios pensamientos, concepciones, costumbres… y no nos damos cuenta de que todas esas cosas se pueden cambiar. Como si emocional y mentalmente fuésemos un tren de alta velocidad que conduce otra persona, reaccionamos automáticamente, como hemos hecho siempre, sobreviviendo a las curvas como podemos… porque todo va tan rápido… No somos conscientes de que podemos parar ese tren, y empezar a conducirlo nosotros mismos. Que antes de tomar una curva, podemos frenar, observarla, estudiarla e incluso cambiar de dirección. Que a veces, cambiando un simple pensamiento, podemos cambiar una parte de nuestra vida. Que desprenderse de una vieja forma de reaccionar puede suponer una gran diferencia. Que la vida es cambio, y que cuando dejamos de cambiar y fijamos patrones neuronales en nuestro cerebro, nuestra mente comienza su declive.
Es muy bueno, por eso, viajar, salir, hacer algo totalmente distinto, sólo para tomar distancia con tus propias creencias, tus enredos, tus hábitos, y al volver, observarlos un poco de lejos, y decidir si te los quedas o no los quieres más. Otra opción, como siempre, es meditar y encontrar tu centro. Desde ahí la velocidad del tren se reduce considerablemente y todo se hace más fácil… ¿conoces el placer de ver venir una vieja pauta emocional que te impele a una determinada acción o reacción que sabes que no te conduce a ningún sitio bueno… y simplemente… dejarla pasar? Guau!! Cuanto más meditas, más sencillo se hace.
Sea como sea, toma responsabilidad y date el gusto de ejercer tu libertad interior.
(Imagen paisaje: Danilo Rizutti; Imagen alta velocidad:Sura Nualpradid )
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