Aceptar el momento presente es clave para la tranquilidad. Realmente efectivo en momentos de crisis. Realmente sanador en momentos bellos. Ocurre que nos resulta difícil en ambas ocasiones. En la primera porque nos resistimos profundamente a ello, queremos otra cosa. En la segunda porque empezamos a desviar energía hacia el apego… que dure, que no se vaya nunca este momento. Son dos formas de generar sufrimiento, las dos, caras de la misma moneda.
Si hablamos de momentos de crisis, como dice Mariano Alameda, que dirige el Centro Nagual, una cosa es el dolor, y otra lo que tú hagas con ese dolor. Esto último es lo que deriva en sufrimiento, porque ante el dolor, puedes montarte una peli de victimismo o de terror imaginando que todo va a peor, o quizás que todo te pasa a ti, puedes resistirte al momento presente, mirar hacia otro lado luchando continuamente por no volver la vista… y en cualquiera de los casos habrás convertido tu dolor en un fantasma. El problema con los fantasmas es que ni siquiera los puedes tocar. Procesar ese dolor será infinitamente más difícil.
Y resulta que los humanos poseemos una asombrosa capacidad de resiliencia, aunque nadie nos hable de ello en el cole. Es nuestra capacidad de gestionar dolor, enfrentar una crisis e incluso salir fortalecidos de ella. Pero la resiliencia pasa por la aceptación: del presente por un lado, y de nuestra propia capacidad de cambio por otro. Y se puede desarrollar. La gente de la Asociación Terapéutica Psikolausen, acostumbrada a tratar con duelos y pérdidas significativas, habla de la necesidad de comenzar el camino del autodescubrimiento, para saber qué tenemos ya y dónde necesitamos trabajar para fomentar dicha resiliencia.
Si aceptas que puedes cambiar, que el dolor ya duele bastante y no quieres añadirle sufrimiento, una herramienta que te puede enseñar a aceptar también el presente es, una vez más, el Yoga, el descubrimiento del Yo más allá del barullo mental, la unión con el medio en el ahora. La que hace que los fantasmas se evaporen. Porque el sufrimiento sólo existe fuera del presente, pero no existe otra cosa más que el presente. Tú decides dónde quieres vivir.
(Imagen: prozac1)
