domingo, 16 de febrero de 2014

Yoga es...


Yoga es detener las fluctuaciones de la mente ~ Patanjali

Yoga es practicar Asanas (posturas conscientes) y Pranayama (respiraciones conscientes), que te llevarán a Pratyahara, el estado de retracción de los sentidos, la mente en calma que observa el vacío que existe entre pensamiento y pensamiento.

Yoga es saltar de Pratyahara a Dharana (concentración), el estado donde el delicioso vacío te irá rodeando y empezarás a fundirte con lo que Es, primera etapa de la experiencia interna no-dual. Ya no hay sujeto y objeto: todo es uno. Ya no eres: Todo Es.

Yoga es entonces alcanzar Dhyana, el verdadero estado meditativo, donde las fronteras de la percepción se rompen y, comprendes qué significa ver el universo en un grano de arena, como diría William Blake.

Yoga es volver de esas experiencias y saber que no necesitas, que eres, que posees, que Amas, porque el Amor –lo que Es- te engulló cuando estabas en Dharana y te convirtió en él. Y te diste cuenta entonces de que siempre fuiste él.

Yoga es volver de esas experiencias y no tener miedo de plantar tu corazón ante el mundo, porque sabes que llevas la razón.

Yoga es seguir viviendo sin renunciar a la vida desde el yo sereno que aprendiste que eras en Pratyahara, observador de pensamientos y emociones que vienen y van, porque sabes que la verdad está en lo único permanente, mucho más allá, en el centro de tu alma.

Yoga es respirar profundamente y sin esfuerzo en el ahora, como hacen los bebés, encontrando la tranquilidad de la vida que se expresa en tu propia respiración.

Yoga es la sensación de tranquilo vigor que alcanzas después las Asanas, sabiendo que has trabajado para estirar tus músculos, oxigenar órganos y articulaciones, poner en funcionamiento óptimo tu sistema circulatorio y darle un verdadero descanso al nervioso.

Yoga es todo eso. Yoga es un camino. Yoga es el autodescubrimiento del Ser. La unión de cuerpo, mente y alma. Yoga es saber sin atisbo de duda que el Amor Es.
 
 
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viernes, 14 de febrero de 2014

Nubes


"El valor no consiste sólo en vivir en ausencia de miedos. Se trata, ante todo, de vivir con el coraje de enfrentarse a ellos."
 
 
Tiene treinta años; empezó a venir a mis clases hace uno porque se lo recomendó un amigo para tratar su ansiedad. Cuando llegó vi a una chica tan dispuesta a trabajar como asustada: en cuanto el flujo de las secuencias de Yoga la llevaba a lo que para otros alumnos era ya un delicioso estado de interiorización, de estar a gusto consigo mismos, ella entraba en ataque de ansiedad. Su mente percibía ese estado como una amenaza. Durante las primeras clases la invité a respirar el momento y seguir… Y ella lo hacía, y me consta –porque yo también supe lo que era la ansiedad en su día- el esfuerzo de voluntad que eso le suponía. Al rato el ataque de ansiedad pasaba, y ella, como aprendimos todos los que hemos superado la ansiedad en algún momento, aprendía una vez más que la alarma era falsa. Pero eso por sí solo no basta para curar la ansiedad… basta para controlarla, pero no para superarla. Y en su caso el problema era el pánico a mirar hacia dentro, cosa que es solución en muchas otras ocasiones.

A las pocas clases me contó la razón de por qué le ocurría: había estado en varias terapias antes, y en la última habían forzado recuerdos reprimidos a subir a la superficie. Uno de ellos empeoró las cosas: “vi una mancha negra que se me llevaba… se me llevaba… no te lo puedes imaginar, era un pánico ancestral… no lo pude soportar… No sé qué hay dentro de mí.”. Su terapeuta no había sabido qué hacer con ese recuerdo y tuvo que dejar la terapia. Y desde entonces vivía aterrada con su interior.

Pero si había llegado hasta mis clases y seguía viniendo era porque ella misma sabía que la única solución estaba en enfrentarlo. Tuvimos una sesión individual, yo le hice algunas preguntas y a los pocos minutos llegamos a una etapa de su infancia de la que no recordaba nada:

- ¿Nada? ¿No recuerdas nada?
- No
- Pero algo tienes que recordar, una imagen, un sonido… algo.
- Bueno, sólo recuerdo cuando me operaron de las anginas…
- Y ¿qué recuerdas de eso?
- Pues sólo la mascarilla de goma negra de la anestesia que venía hacia mí…
Ahí estaba…
- ¿Qué has dicho?
Me lo repitió de corrido y sin pensar:
- Que sólo recuerdo la mascarilla de goma negra de la anestesia viniendo hacia mí…
- ¿Y cómo era la goma?
- Negra… En ese momento su cara cambió, y pude ver la comprensión en sus ojos muy abiertos y sorprendidos.
- Ahí tienes tu mancha negra que se te lleva.
- Nunca lo había relacionado... estoy... estoy flipando... No lo había relacionado...
Y así es, no relacionamos cosas obvias porque en nuestros recuerdos permanecen rotas, separadas. Una niña de 6 años vio la mascarilla de goma negra en un momento de miedo y después perdió el conocimiento. Suficiente para no poder gestionar ese recuerdo: todo el terror quedó guardado en imágenes ligeramente deformadas y la sensación para el inconsciente fue de muerte; por eso el pánico que ella describía como “ancestral”. Después de la operación todo el mundo esperaba de ella que siguiese como siempre, y así lo hizo. Pero el terror quedó profundamente enterrado… Y muchos años después empezó a molestar… probablemente porque ya estaba lista para procesar el recuerdo que en su día no pudo procesar. Así sucede. Así sucedió en su caso.
Ha pasado un año. Ayer mismo la felicité. Su ansiedad ha mejorado notablemente y ahora disfruta explorando su mundo interior; viene mucho a clase y cada día descubre algo de sí misma. Como nos ocurre a todos, tiene mucho por conocer… pero poco a poco el camino del autodescubrimiento va disipando los miedos y permitiendo que el presente, nuestro regalo, fluya con todo su brillo.
No dejes que miedos obsoletos te impidan respirar un ahora nuevo. Son sólo nubes. Deja que llueva con mimo, y se irán. El sol te espera detrás. Siempre.
 
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(Imagen: DanzandoConElUniverso) 
 

viernes, 12 de julio de 2013

Límites y Yoga


Viene a clase desde hace tres meses. Es una chica guapísima. Tiene 34 años, hace cuatro le tuvieron que poner una prótesis lumbar porque uno de sus discos intervertebrales había desaparecido por completo. Fue una operación complicadilla. Venía de haber practicado “Bikram-Yoga” durante algo más de un año que le había ayudado a poder moverse un poco más y soportar los dolores. Pero  llegó a mi clase el primer día cargada de tristeza, “yo hacía gimnasia rítmica y ahora mira”- me decía. En las flexiones hacia adelante apenas podía avanzar, me miraba y me decía “no puedo”. Si en alguna postura el resto de alumnos se quedaba con la cabeza muy cerca del suelo, o llegaba hasta él, la suya estaba a” kilómetros”. Le pedí, como pido a cada rato a todo el mundo, que encontrase su límite, lo aceptase y se entregase a él, la invité a explorarlo, porque de eso trata el Yoga, esté donde esté ese límite (eso es lo de menos). La estuve observando, me di cuenta de que sus pies delataban una enorme contracción en la cadena muscular posterior.

 En la clase siguiente, en la primera flexión hacia adelante ella volvió a mirarme con angustia: “no puedo”. Me senté frente a ella y le pregunté dónde notaba la tensión que le impedía avanzar, si en la lumbar o en la parte posterior de los muslos. Se quedó unos instantes observándose con los ojos cerrados. Los abrió y su mirada había cambiado por completo, era de asombro y estaba llena de esperanza: “aquí”- me indicó señalando sus músculos isquiotibiales (en la parte posterior de las piernas). Le expliqué lo que estaba pasando: la limitación no estaba donde ella pensaba ni era producida por lo que ella había asumido. La falta de movilidad tras la operación y su tendencia psicológica a cargar la tensión en la parte posterior de su cuerpo, eran, muy probablemente, los responsables de haber contraído mucho sus isquiotibiales…  y ellos eran los primeros que estaban restringiendo ese movimiento, todo era cuestión de estirarlos y  trabajarlos… Le indiqué posturas de sustitución para algunas de las que hacíamos  y que a ella no le convenían, además de estiramientos para casa.

Se lo tomó en serio,  y en pocas clases, en una flexión hacia adelante pude ver su cabeza bastante cerca del suelo… había recorrido un camino tremendo en tan sólo un par de semanas. Me miró con una de esas sonrisas por las que mi trabajo merecerá la pena siempre. Sus isquiotibiales habían empezado a ceder, y el límite que ella pensaba, se había esfumado. Evidentemente una prótesis lumbar va a restringir en buena medida ciertos movimientos, pero no tanto, ni mucho menos, como los que ella pensaba, como los que había asumido sin más.

Los límites nos abruman, y se hacen peores de lo que son porque no estamos acostumbrados a explorarlos, queremos superarlos sin más, sin conocerlos… El Yoga te llevará a tu límite continuamente, te invitará a quedarte en él y explorarlo,  y ahí es donde realmente te conocerás a ti… y  las cosas irán cambiando poco a poco, porque de entrada, cuando aceptamos un límite, éste, de alguna manera, empieza a disolverse.

 Te invito a que analices si tus limitaciones son de verdad, son reales o las asumiste hace mucho sin más… Probablemente, como a esta chica, te pase que te des cuenta de que en buena parte, son falsos. Conócelos de verdad y acepta la parte que es real, el Yoga puede demostrarte que en el límite real se puede llegar a estar a gusto. Muy a gusto.

(Respecto a que en más de un año de práctica de un tipo de yoga nadie fuese capaz de decirle que tenía una gran contracción de la cadena muscular posterior… no tengo palabras, creo que sobran)
 
 

sábado, 6 de julio de 2013

Emociones y Yoga

Noto tensión en el plexo solar. Eso significa que no estoy dejando fluir una emoción... Paro, me tumbo si puedo, respiro hacia la tensión, aflojo... Doy permiso a lo que quiera que sea que suba, sin miedo, dejo que viva, lloro si hace falta y sigo. Sé que pasará si la dejo vivir.
Eso es Yoga. Me paso la vida enseñando a hacerlo y cuando toca aplicarse el cuento, sigo aprendiendo. Es otra manera de vivir... sin huir del presente. Porque luego todas esas emociones no enfrentadas que generan tensiones, se van quedando en ellas, el músculo pierde capacidad de relajarse del todo, va tirando de tendones y huesos. Y los cuerpos, poco a poco, se van deformando... Se acaban convirtiendo en un montón de emociones no enfrentadas que generan dolores físicos donde sólo tuvo que haberlos psíquicos... Así es, así funciona. Estoy cansada de verlo. En cambio a mi maestra Pila, a sus ochentaitantos, jamás le dolía nada.

Porque todo eso es evitable con un buen Yoga, que a base de asanas (posturas) o, como en este caso, simple toma de conciencia mediante la respiración, permite liberar el sistema musculo-esquelético, perder miedos y soltar amarres. Seguir siendo flexible como cuando eras niño, dejar de cargar con emociones desfasadas. En definitiva, volver a abrirse a la vida en toda su plenitud. Porque merece la pena, todos sabemos que en el fondo es demasiado bella como para perdérsela.


lunes, 27 de mayo de 2013

Encontrar





No existe fuerza más arrolladora que la del amor. Y no la hay porque es un recuerdo de nuestra verdadera esencia, de lo que somos más allá de esta vida con historia, con miedos, fronteras y creencias. Más allá de ellas porque ellas nos limitan, mientras que el amor es infinito. Por eso cuando nos enamoramos el amor nos desborda, porque nos está demandando una entrega más allá de nuestras cómodas y manidas fronteras. Por eso el amor a veces desespera, porque queramos o no, nos empuja hacia la persona amada, y eso sucede porque identificamos en ella la posibilidad de ceder a la fuerza más grande de la existencia. Y así es, así sucede. Así los amantes corren el uno hacia el otro buscando una fusión que pide el cuerpo y que anhela el alma… es el deseo, el más profundo deseo de la existencia, de romper las fronteras y volver a casa.
Todo esto lo entiendes de verdad tras experiencias meditativas intensas, tras experiencias de no-dualidad donde todo desaparece para simplemente Ser… comprendes quién eres sin tu historia. Comprendes que eres Amor, amante y amado todo en uno… Comprendes que así fue una vez, o muchas. A veces la vuelta de ese estado es altamente frustrante. Como si volviesen a cargar un desgastado y limitado software en tu mente… A veces eso lleva a crisis espirituales. Y lo sé porque las he vivido. En ese momento sólo te planteas por qué, por qué esta existencia, por qué este mundo que se reconstruye al volver del puro éxtasis que te otorga el conocer lo que hay más allá de lo que creías ser, en el espacio entre tus pensamientos; por qué el paraíso se pierde en un mar de ideas y emociones cambiantes. Pero el caso es que aquí estás, el caso es que ahí está tu historia, tus límites, y un universo que danza… Así que decides que lo mejor es simplemente, danzar con él, y disfrutar de su Belleza, porque algo te dice que es por ahí por donde debes ir…

Y así ocurre: llega un día en que te das cuenta de que ella, la Belleza, es otro camino hacia el Amor… van de la mano, por eso también nos atrapa. Y está en todas partes: en la puesta de sol, en la sonrisa de un bebé, en la música, en la pintura, en una escena de ficción… sólo tenemos que buscarla con nuestros sentidos. Es lo mejor que podemos aprender a hacer, porque una y otra vez nos otorgará destellos de quiénes somos. Nos impulsará a seguir viviendo, a seguir buscando, y a seguir amando. Nos traerá dulces recuerdos de un paraíso que no es cierto que esté perdido, no lo es. Sólo permanece silencioso a la espera de que comprendamos que siempre estuvo ahí; sólo tenemos que entregarnos a cada momento con toda nuestra atención. Es entonces cuando sientes que ya encontraste lo que buscabas… siempre estuvo en ti… sólo queda hacer de cada instante su comprensión. Es así como se cierra el círculo de la vida, la belleza y el amor. Es así como llega el alivio del sentido de vivir.
 
“¡Adhiérete profundamente a la realidad, con el corazón de tu ser! ¡No hay nada más que buscar!” ~ Lalita Deví (maestra de Tantra)
 



 



 

jueves, 21 de marzo de 2013

No estás deprimido, estás distraído (Facundo Cabral)


“Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que alimentan a la vida”
~Facundo Cabral

Facundo Cabral nació en la calle y tuvo una infancia marginal y muy pobre, dura, desgarradora y a la vez emocionante, porque un día su miseria le hizo despertar y tres décadas después se convertiría en un cantautor de éxito internacional que llegó a los corazones de incontables personas. Fue poeta y filósofo, perdió a su mujer y a su hija en un accidente de avión, aprendió de las desgracias de su vida y lo contó en sus canciones y sus escritos. El más conocido es el que hoy quiero compartir. Ahí va sólo una pequeña parte, en su voz; merece la pena leerlo o escucharlo entero, pero creo que lo que va es una buena muestra de palabras sabias de quien superó tragedias, y que como toda Sabiduría, hable en clave cristiana, budista, hinduista, en todas o en ninguna de ellas, dice: “vive, aquí y ahora, ama lo que te rodea, ama la Vida."

NOTA: Comparto muchas de sus palabras y creo que sin duda la solución a una depresión pasa por establecerse en el momento presente y recuperar la capacidad de asombro ante la magia de la vida, pero a veces poder llegar al presente no es fácil con una química alterada en el cerebro, y eso puede ocurrir con una depresión. La noche oscura del alma siempre es una oportunidad de cambio y una invitación a la Belleza de la Vida, pero a veces, es necesaria ayuda en forma de yoga, meditacion, psicoterapia o medicina durante un tiempo... el que tardemos en poder volver a casa, al Presente.

domingo, 10 de marzo de 2013

Kundalini, Yoga y Tantra

Los científicos nos han dicho siempre que apenas usamos entre un 10 y un 20 % de nuestra capacidad cerebral. Lo tenemos asumido, pero… ¿te has preguntado alguna vez por qué? Eso, para variar, nadie lo explica. Y no lo hacen porque la explicación se aleja tanto del status quo establecido que no les interesa. Desde la perspectiva del Yoga, la explicación es bastante simple y se conoce desde hace milenios: más del 80% del cerebro permanece dormido porque no tiene suficiente energía para activarse. Sabemos que el cerebro al 20% es nuestro mayor consumidor de glucosa, así que necesita mucha energía para rendir bien. Sin embargo, no se trata de comer más. Los yoguis han sabido desde siempre que se trata de despertar una energía latente en la base de nuestra columna: la Kundalini.
La Kundalini duerme porque no puede ascender por la columna, y no puede hacerlo porque los circuitos energéticos por los que debe hacerlo están obstruidos. Esos mismos circuitos energéticos son los que tratan ciencias como la acupuntura por ejemplo. Se obstruyen y generan tensiones corporales, y a la inversa. Desde el Yoga Tradicional lo que hacemos con las asanas (posturas) y los pranayamas (respiraciones) es ir liberando esos canales al tiempo que se liberan las tensiones corporales. Y lo vamos haciendo poquito a poco, estableciendo como base la Tierra, el cuerpo, para no correr el riesgo - y esto siempre lo recalco en mis clases- de que las experiencias intensas que nos esperan nos afecten en nuestra integración en el mundo y en la sociedad. Y entonces la Kundalini comienza su ascenso si la persona quiere y está preparada para ello. El ascenso de la Kundalini hacia la cabeza es un proceso que en sí mismo, sigue deshaciendo nudos energéticos (o “grantis”), produciendo liberaciones espontáneas de energía (“kriyas”) que se pueden manifestar en forma de temblores, lágrimas o risa y en un plano psicológico, muchas veces te lleva a solucionar viejos problemas, a liberar emociones, a hacer las cosas que tenías que haber hecho y no hiciste, a decir lo que callabas. (Piénsalo, ¿cuando te estresas se te tensa el cuello, o los hombros? Eso es una emoción que modifica tu cuerpo. Cuando liberamos esa tensión ejercemos el efecto contrario: el cuerpo libera la emoción). A veces tú puedes ni darte cuenta hasta el final de uno de esos ciclos, hasta que notas que la Kundalini ha ascendido más. 
El proceso de subida no suele ser fácil, puede durar muchos años, y al principio es muy desconcertante. La Kundalini se puede activar por muchas vías: la meditación, por la práctica de Yoga, una experiencia vital muy fuerte, un ayuno o determinadas experiencias sexuales imbuidas de Amor. A veces lo hace espontáneamente, por una necesidad profunda del alma de la persona, y como suele empezar en lo más bajo de la columna, en lo que desde el Yoga llamamos el "Chakra raíz”, se suele tender hacia la liberación de problemas que tienen que ver con nuestra relación con la Tierra. Puede que entonces cambies de trabajo, de modo de vida o alimentación. O puede que empieces a buscar por internet las razones del origen del mundo, los problemas sociales, que intentes entender el planeta en el que vives… Todo eso son síntomas de que algo en ti está despertando, de que la kundalini se está activando. Si el proceso continúa, puede que empieces a resolver conflictos previos que a lo mejor ni recordabas. Toda tu psicología afecta a tu cuerpo y al revés.
No puedo dejar de mencionar especialmente la vía Tántrica, quizás la más primitiva de todas destinada al ascenso de la Kundalini. Desde occidente se ha destrozado su esencia reduciendo a manuales de sexo complejo una tradición y ciencia sagrada que como ya he dicho en alguna ocasión, sí es cierto que destina una parte de sus prácticas a la unión sagrada (Maithuna) con el fin de la activación de la energía dormida. Pero hay mucho más, el Tantra es un sistema filosófico que, como el Vedanta, funciona desde un paradigma diferente al occidental. 
Lo normal durante el proceso es que la energía ande subiendo y bajando. A veces la ascensión puede ser tan fuerte que tienes la sensación de vas a “implosionar”, de que te va a estallar el corazón… de que tu cuerpo no soporta tanta belleza… y a veces eso da mucho miedo, pero forma parte del camino de la Vida, del desarrollo de nuestro potencial. Lo cierto es que podemos con mucha más Belleza. Cuando al fin la Kundalini consigue ascender y puede estabilizarse  arriba, en la cabeza, se produce lo que en la tradición Hindú se metaforiza  en la unión de la Shakti (la diosa, la energía que danza) y el dios Shiva (la Conciencia). Es el momento de Samadhi. Es el fin de las luces y las sombras, del mundo dual. Es la llamada “Iluminación”. Esas personas tienen su cerebro funcionando a pleno rendimiento y pueden hacer cosas que al resto de los humanos nos parecen sobrenaturales, pero no lo son en absoluto, sólo duermen en nosotros esperando a ser despertadas. 
Si te sientes extrañ@ de repente, si no entiendes qué te pasa de un día para otro, si hay algo que te empuja a hacer cosas y no sabes por qué… puede ser tu Kundalini llamándote a una vida plena; no te preocupes y deja que ocurra prestando atención y con prudencia. No pierdas nunca el contacto con lo que te rodea ni dejes de lado tus obligaciones cotidianas. Probablemente acabes buscando una forma de hacer más llevadero el proceso y te encuentres con el Yoga. Si el ascenso te supone un problema, busca ayuda en alguien que de verdad lo haya vivido… lo sabrás porque se nota sin duda alguna.

NOTA: Todo esto es uno de los grandes motivos por el que para mí, la mayor parte de los Yogas que se practican en Occidente se quedan muy limitados. Llevo siete años estudiando y experimentando esta inmensa ciencia, dos como profesora, y aún siento que tengo un infinito camino por recorrer. El cuerpo es la base, y el efecto fisioterapeútico del Yoga es impresionante cuando se sabe lo que se hace y se adapta la clase a los alumnos de forma personalizada; después viene una mente tranquila, pero hay mucho más. El Yoga es mucho más de lo que "venden". 

jueves, 7 de marzo de 2013

Marta tiene un marcapasos (Ilusión)

Ilusión, “una nueva ilusión”. Así me resumían Hombres G  lo que significa su musical en sus corazones. Yo sé lo que es la ilusión perfectamente, porque me la enseñaron ellos: ilusión es fluir con lo que acontece de tal manera que tu vida se llena de fuerza, energía y ganas.
Ilusión es la que tienen los millares de chavales que se han presentado a los castings del musical en alguna de las cinco ciudades donde se han celebrado; chavales que han apostado su vida por su pasión, por la música, la actuación y el baile. Ilusión es lo que mueve a los nuevos artistas a no rendirse por difíciles que estén las cosas ahí fuera, porque su alma arde.
Hace treinta años “Marta tiene un marcapasos” era una idea en la cabeza de David Summers. Hoy es una canción insigne de una época y un grupo: Hombres G. Una canción que conocen tres generaciones, y que poca gente puede evitar cantar tras escuchar tan sólo los primeros acordes y disfrutar como si no existiera en ese momento otra cosa en el mundo más que la música… convirtiéndose en Música, entregándose al presente y experimentando la vida en toda su intensidad… aunque sólo sea por unos minutos. Quizás, si hay algo más parecido a un estado de meditación, eso son miles de personas cantando a grito pelao una canción de su vida, sin pensar en nada, fluyendo y sincronizados como en el viraje de una bandada de pájaros entregada a la naturaleza. Y es que la música tiene esa capacidad: la de llevarnos a nuestra esencia, la de quitarnos los disfraces, aparcar los personajes y dejar que la vida suceda. La de unir por encima de todas las cosas los corazones de las personas.
Eso es lo que ocurre en cada concierto de Hombres G. Las canciones están ya grabadas en la memoria colectiva de varios países, porque treinta años de profesión dan para mucho. Canciones divertidas, otras más “recogidas”, baladas enormes… Y   esa inmensa cantidad de gente que las conoce, y que es capaz de cantarlas, bailarlas, saltarlas… a la vez:
Y esto sucederá, sin duda en un musical que va a dar mucho que hablar. Porque esas canciones pertenecen a esas tres generaciones dispuestas a detener el mundo por un par de horas dentro del espacio mágico de un teatro para que les cuenten una nueva historia de amor, humor y música de la que poder participar cantando, saltando y bailando canciones que llegan al corazón, arrancan una sonrisa y vuelven a salir en las voces de quienes se entregan a un momento único. 
Si a todo eso le añadimos una extraordinaria impecabilidad en todo lo que David, Javi, Dani y Rafa hacen, supervisando cada cosa que les pertenece y rodeándose de un equipo implicado al máximo en la idea del grupo como es el de Coral Europa, tenemos la inminente llegada de un musical dispuesto a arrasar en dos continentes, un musical de esos que vas a ver varias veces porque lo pasas… increíblemente bien. Y eso... es que eso está muy cerca de la verdadera esencia de la Vida. 
Entradas, vídeos y toda la información en... Martatieneunmarcapasos.com 

(Muchas gracias a HombresG.net, y a Pauli Villamarín por  contar conmigo... y empujarme a retomar el blog... ellos sí que saben de ilusión!)


viernes, 26 de octubre de 2012

Vivir Con Dignidad

Siempre he pensado que la dignidad es la sonrisa de un niño que pasa hambre en un poblado africano, su capacidad de reír, y de vivir en el presente, a pesar de todo. Dignidad es la capacidad de conectar con el Amor en cualquier circunstancia, olvidar el repetitivo discurso de nuestra historia personal, abandonar la infantil necesidad de que se nos mire y reconozca, y deshacer nuestro "yo" en la pura alegría de estar vivos. Eso, para mí, es dignidad.
En el tiempo de la cultura del miedo, donde las buenas noticias no son contadas, creo que es interesante escuchar a Sesha (Iván Oliveros) hablar desde la perspectiva de la Filosofía Vedanta de lo que es Vivir con dignidad. Os invito:



Vivir con dignidad es magnificar los instantes, no los recuerdos
~ Sesha                                                                                    
Gracias por seguir ahí :)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Amigo Toro


Algún día, cuando todos los humanos recuperemos la capacidad de escuchar a nuestros corazones, recuperaremos nuestra integridad y el mundo será diferente.
Esta es la historia de un hombre que escuchó a su corazón y salvó a un toro que hoy, como puede suceder con cualquier animal, se ha convertido en su amigo fiel, en su compañero:


Siempre he pensado que el día que todos tengamos la capacidad de mirar a los ojos a un animal y comprender la vida en su mirada, es que todo lo demás irá bien. Sueño con el día que comprendamos que somos parte de la Tierra y no sus dueños, y tratemos con respeto a la Vida en cualquiera de sus manifestaciones. No es un sueño tan inalcanzable, porque eso ya sucedió. Ya fuimos así. Sólo se nos olvidó.
Por último, añadir que hace años que soy vegetariana por mil razones, pero entre ellas fue decisiva la respuesta a una pregunta que me hice a mí misma: ¿qué diferencia hay entre mi perro y un cerdo, o una vaca? ¿dónde pongo el límite de inteligencia para comerme a unos sí y otros no? Decidí no comerme ninguno. No pretendo convencer a nadie, ni lo he hecho nunca; razones y justificaciones (morales, éticas, ecológicas, sanitarias y de todo tipo) para el vegetarianismo podéis encontrar muchas en cualquier web dedicada al tema. Sí, en cambio, hablo de mi experiencia personal, y puedo contar que duermo fenomenal, no me cojo un catarro desde hace tres años y que mi corazón late tranquilo. Eso es todo. Para mí es mucho.
(video subido por zthae via Centro Nagual)

sábado, 25 de agosto de 2012

El Club De Los Poetas Muertos (Peter Weir, 1989)

Leer a Walt Whitman es entrar de golpe y de una de las maneras más bellas en la más profunda sabiduría de todos los tiempos que hoy siguen guardando el Yoga, el Tantra, el Vedanta o el Budismo. Su cita clave en El Club De Los Poetas Muertos, y el propio nombre de la película, no son casuales: si hubo un poeta estadounidense que supo transmitir la profundidad de la vida, fue él.
Las referencias a la muerte como consejera son típicas de la filosofía oriental, del chamanismo más puro, y de todas aquellas culturas que –a diferencia de la nuestra- han comprendido que la muerte es parte de la vida y no hacen de esa parte su tabú. “Si dudas, pregúntale a la muerte”, decía Mariano Alameda hace poco en un curso en el Centro Nagual. ¿Qué te diría ella?
Y es que de eso va El Club de los Poetas Muertos, tan bella, tan fuerte y en el fondo tan sencilla a la vez: Carpe Diem… “aprovecha el momento”. Siempre es bueno recordarlo.

Tuve la suerte de ser una preadolescente cuando la vi en el cine. Después la volví a ver incontables veces en casa. Sé que aún sin entender entonces toda su riqueza, cambió mis esquemas. Hoy lo sigue haciendo, porque nuestra cultura nos hace tender a olvidar que el presente es nuestro regalo... no lo dejemos escapar.

(Video subido por: discobolo)

martes, 31 de julio de 2012

Amor

La época estival es un periodo típico de amor, expansión y belleza. Tres características que son inseparables. El amor real es expansivo, y bello. El amor que sufre, que disminuye, que llora… es el amor filtrado por el ego y las carencias que erróneamente  creemos poseer, es el amor filtrado por la sensación de estar separados de todo lo demás y el miedo a no ser suficiente.
Con el malinterpretado mito de la media naranja muchas personas piensan que deben encontrar su otra mitad para ser completos. Eso no es posible, porque cada uno de nosotros es un ser completo en sí mismo. Ocurre que la formación del ego nos lleva a pensar que hay algo malo en nosotros, generando vacíos que pretendemos desde bien temprano que llenen otras personas. Así se generan apegos que como todo apego sólo llevan al sufrimiento. Se generan los “te necesito” y los “no estabas cuando yo te necesitaba”… Dos caras de la misma moneda del sentimiento de separación egoico. Nadie puede colmar tus necesidades, sencillamente porque –aunque no lo creas- no son reales. Todo está dentro de ti, no hay separación. Ésa es otra de las cosas que te permite experimentar el yoga y la meditación. Experimentar, digo, no creer. Y entonces todo cambia.
Hace poco dos alumnas de yoga, al final de una clase, pudieron experimentar por primera vez la dicha que se oculta tras el yo, tras el ego, tras todo lo que creemos ser, y que constituye uno de los primeros estadíos de la practica meditativa. Me decían que sonreían sin querer y que querían reír a carcajadas sin motivo alguno; una de ellas me preguntaba muy sorprendida por qué esto está tan oculto en nuestra sociedad. No lo sé, supongo que una maquinaria social basada en el consumismo necesita de la creencia en las carencias personales. No siempre fue así. Existieron lo que llamamos las “culturas pre-caída”, donde las cosas eran diferentes, donde se comprendían mucho mejor la vida y el amor.
Y es que el amor está mucho más allá de nuestro ego. El amor Es. El amor es lo que somos, o, para empezar, somos un potencial infinito del mismo, como diría Antonio Blay. No necesitas lo que ya eres. Cuando comprendes esto realmente el amor es expansivo, realmente el amor es la Vida. Cuando comprendes que lo eres todo, y sientes la belleza en ti, lo único que quieres es compartirla. Así, entre dos personas que sean conscientes de esto, nacen las relaciones personales sanas, así nacen las relaciones que no hacen sufrir. Porque sufrir no es amar. Sufrir es sólo apego. El apego es necesidad de que el otro se comporte como yo espero, como yo quiero, como yo creo que necesito.  
Una relación sana es aquella que hace crecer a dos personas libres. Una relación sana es la que comparte felicidad, la que no exige, la que acepta las decisiones del otro sin juzgar, porque no hay otra necesidad que la de Ser. Cuando dos personas fluyen de esta manera en lo que ambas son, en el amor real… la vida y su belleza fluyen con ellas, porque no puede ser de otra manera… lo cierto es que la vida es... puro amor.
(Imagen: Victor Habbick en FreeDigitalPhotos.net)
NOTA: Hemos alcanzado las 11000 visitas en el blog a pesar de que últimamente he dedicado mi energía a otros proyectos y no he compartido cosillas por aquí :) Muchísimas gracias!!!


viernes, 6 de abril de 2012

Los chicos no lloran (Miguel Bosé, 1990)

Vivimos en una sociedad que ha despreciado una de las expresiones más liberadoras de las emociones humanas: el llanto. Llorar y reír son dos sabias expresiones del cuerpo que lo sanan bioquímicamente, lo calman si es necesario, reducen la presión de una emoción dejando que aflore, para que no se estanque. Y es que una simple emoción puede romper todo el frágil equilibrio homeostático de nuestro organismo, pero su expresión fluida mediante una carcajada, una lágrima o quizás tan sólo una palabra pueden recuperarlo en el instante. Sin embargo, parece ser que vivimos en una sociedad de “fuertes”, donde está mal visto llorar, peor que te vean hacerlo… Y así vamos machacando nuestro cuerpo, llenándolo de tensiones y sobreexponiéndolo a una química alterada por un cerebro que sabiamente suelta sus neurotransmisores para indicarte mediante un nudo en la garganta, un dolor en el pecho o un vuelco del estómago que es el momento de procesar un sentimiento… negándonos a ello. Bonito desprecio a la sabiduría de la vida. ¿Lo peor? Que nos acostumbramos a esa química y pensamos que es la normal. No, no lo es, sólo que el cuerpo se adapta, bloquea el diafragma, tensa los músculos del cuello o se encorva al andar, con efecto acumulativo, hasta que esos patrones se fijan en tu memoria corporal.
10 sesiones de “Rebirthing”, 10, me costó a mí reconciliarme con mis lágrimas, aceptarlas, sanarlas. Me trajeron recuerdos que había procesado con la mente pero cuyas emociones no había dejado fluir a través del cuerpo. Allí estaban mis lágrimas, esperando a ser lloradas. Y al fin las lloré… y mientras, observaba cómo al hacerlo perdían su poder. Aquellas emociones no procesadas consumían mis energías porque ya era un hábito inconsciente retenerlas ahí; después de tantos años había olvidado que aquello no formaba parte de mí, que no tenía que esforzarme por retenerlo… lo hacía día a día, momento a momento, sin darme cuenta, y eso me agotaba. Habría bastando con llorarlo en su día, pero no lo hice, porque yo era fuerte, o porque más bien era tan débil que no podía enfrentarme a ellas... era pequeña, o quizás no tanto.
Porque así es, los fuertes son los que asumen todas sus emociones, sus contradicciones, las miran a la cara y dejan que salgan, y entonces las emociones se marchan, y ell@s siguen adelante con la frescura de cada amanecer.

Tenemos un maravilloso cuerpo al servicio de nuestra vida emocional, nos ayuda a expresar, a guardar, a reír, a soñar, a experimentar toda la intensidad de quienes quienes somos, parte de la Vida que late en todo lugar, que es mucho más rica y más inmensa de lo que podemos llegar a comprender con nuestras mentes. Dale espacio a tu cuerpo, a tus emociones, ríe, llora y sobre todo, deja que los niños lloren, porque ellos no tienen otra forma de expresar su frustración, su dolor, su impotencia ante un mundo grande sobre el que no tienen control alguno. Hemos idealizado nuestra propia infancia y se nos olvida que ser niño y no tener control sobre tu vida no es nada fácil. Ojalá algún día nadie diga eso de “los chicos no lloran”, ni ninguna de sus variantes femeninas como “te pones fea cuando lloras”. Cuántos problemas nos ahorraríamos de adultos…cuántos.
Ahí va el genial dueto Bosé-Summers del álbum "Papito" de Miguel Bosé:

Video subido por ierogamos

miércoles, 11 de enero de 2012

Respetar



Hoy en día, afortunadamente, se habla mucho de respeto. De asumir opiniones y actuaciones ajenas aunque no se compartan. Bueno, está fenomenal eso, pero sería aún mejor si por dentro de cada persona, el respeto fuese real y –realmente, valga la redundancia- no supusiese un problema. Sin embargo en muchas ocasiones lo es, sobre todo cuando de relaciones personales se trata.
Todos estamos llenos de carencias infantiles. Por más que se idealice la infancia es un período realmente duro, donde sentir la incomprensión de los que te rodean es algo que forma parte del día a día de un niño: en casa, en el colegio, en la calle. Se compensa por la inmensa capacidad de vivir en el presente y seguir adelante que poseemos de niños. Pero, en mayor o menor medida, todo el mundo sufre de pequeño, y va generando su inconsciente, ese lugar donde entierra aquellas cosas que duelen demasiado para ser toleradas conscientemente. Es en ese lugar de nuestra mente donde se registran nuestras carencias. Y en ese lugar nos quedamos siendo niños lastimados. Por eso, de mayores a veces nos comportamos como niños heridos y exigimos lo que nos faltó a quien no tiene por qué dárnoslo, entre otras cosas porque ese alguien también tiene su universo complejo dentro de sí. Como dijo Platón: "todo el mundo con quien te encuentres está librando una gran batalla". Y podemos añadir que es a dos niveles: consciente e inconsciente.  
Una vez situados lo único que nos queda es crecer interiormente, superar lo que en su día no teníamos capacidad de superar, porque hoy, como adultos, tenemos herramientas. Y si no lo superamos, va generando embrollos continuos con aquellos a quienes más queremos. Cómo hacerlo: yoga y meditación, psicoterapia, rebirthing… hay mil maneras, cada uno debe encontrar la suya. Lo importante es buscarla.
A medida que nos vayamos convirtiendo en adultos reales, que hayamos sanado al niño lastimado que llevábamos dentro, sabremos lo que es el respeto más profundo. Sabremos lo que es dejar que cada uno tome sus decisiones con plena libertad. Y dar plena libertad es quitarnos de en medio. Una decisión ajena te puede gustar, no gustar, encantar, doler o hacerte llorar. Pero por más duro que resulte leerlo, ése es tu problema: llora, ríe, deja que tu cuerpo responda, pero acepta lo que hay, comparte lo que puedas compartir, habla lo que sea oportuno y vete si no te compensa; sea como sea,  en ningún caso pretendas influir en las decisiones ajenas, porque entonces estarás poniendo condiciones a la libertad del otro. Esa libertad no será real, y esa relación tampoco, estará condicionada por un niño dolido en tu interior.
Una relación sana es aquella que hace crecer a quienes la componen. Lo demás, es disfuncional. Una relación sana lleva por delante un “tranquil@, haz lo que necesites hacer” mientras que quien escucha estas palabras sabe que tú también vas a hacer lo que necesites. Ésa es la verdadera comprensión del otro. Créeme que las relaciones –del tipo que sean- entre dos personas realmente libres, están llenas de amor. Porque el amor es un flujo y las cosas fluyen cuando no hay barreras.  Asume la responsabilidad de tu actitud, ejerce tu libertad interior y… déjalo fluir.

lunes, 9 de enero de 2012

Comenzar

¿Puedes coger lápiz y papel y hacer una lista con las cosas por las que estás agradecid@? Hazla ahora si puedes, antes de seguir leyendo… En pocos minutos, verás como tu estado de ánimo cambia, y comienzas a sentirte mejor ¿verdad? Has movido el enfoque hacia tu sensación de plenitud. Es un muy buen ejercicio para afrontar nuevos periodos y nuevos retos. Yo procuro hacer una lista mental cada mañana al despertar, eso me espabila más que cualquier café y me llena de energía para afrontar el día. Después, trato de estar atenta a los pequeños detalles que llenan mi universo.
Vivimos en una sociedad que nos bombardea continuamente con mensajes de carencia, aprovechando nuestra sensación de vacío para vendernos cosas y eso nos ha acostumbrado a ir por la vida mirando lo que nos falta. Es una forma triste de enfrentar cada día. Y además, bastante sesgada. Si emprendes una búsqueda interior, pasearás por intrincados laberintos, extraordinarios senderos en el bosque, valles cubiertos de nieve, inmensos desiertos, relajantes playas; navegarás por bellos lagos, ríos y mares, y volarás por las estrellas… Como dicen los yoguis más sabios, comprenderás que el mundo entero está dentro de ti. Si pruebas a caminar desde la sensación de plenitud que te otorgan los pequeños gestos de agradecimiento, como la lista de este post, verás que tus pasos son más seguros, más claros y menos manipulables. Y que la vida está llena de belleza y de magia, allá donde la mires.
Por eso no puedo sino aplicarme el cuento y comenzar el año dando las gracias: por esas 7000 visitas al blog, por todos los comentarios, por los mails, las llamadas, las recomendaciones, los “retweets” y “posteos” en redes sociales… Gracias a toda la gente que enseñó y que me enseña lo bello de la vida… porque yo, lo único que hago, es tratar de compartir lo que voy aprendiendo. J Danzando con el Universo  cumplió su primer año en la red: muchas, muchas gracias por el valioso tiempo que dedicáis a bailar conmigo.
(Imagen: nuttakit)

sábado, 31 de diciembre de 2011

BIG (Penny Marshall, 1988)

Vivimos creando una curiosa paradoja: conocemos lo nuevo partiendo de lo ya conocido. Ya hemos hablado alguna vez de que tenemos nuestra peculiar forma de manejarnos por el mundo: asignamos nombre o etiquetas a las cosas y a partir de ahí, dejamos de ver las cosas para ver los nombres. Es el pensamiento abstracto. Esto, indudablemente, nos facilita manejarnos por el mundo con rapidez, no tenemos que estar a cada paso analizando cada cosa que nos encontramos para determinar lo que es. Ahora bien: convertirlo –como lo hacemos- en algo permanente, va limitando poco a poco nuestro universo, puesto que constantemente “tiramos” del pasado, de lo ya conocido, para conocer cosas nuevas... Así, difícil es que veamos las cosas tal y como realmente son porque siempre están contagiadas por nuestra experiencia previa, y difícil es también que sepamos apreciar la vida en todas sus facetas.
Y así, llega un día en que las personas ya no quieren lo nuevo, tienen su mundo tan fijado, tan reducido y apoyado en unos cimientos tan profundos que si una novedad rompe sus esquemas, atenta contra sus etiquetas más primigenias, contra las concepciones que pusieron la primera piedra de  sus creencias, entonces, temen que se derrumbe el edificio de su existencia. Ya no quieren crecer más. Lo que queda entonces, es envejecer, porque la vida no se detiene. 
Es tan buena costumbre dedicar un rato al día a intentar mirar lo que nos rodea como si no lo hubiésemos visto nunca... descubrirás nuevos matices en tu propia casa, en los colores, en el ambiente, en las hojas de los árboles que caen en un parque… descubrirás un mundo nuevo más allá de lo acostumbrado y podrás disfrutar enormemente de cosas comunes, encontrando la magia tal y como lo hacen los niños. Y es de ellos de quienes podemos aprender a reeducar nuestra mirada.
Big habla de Josh (David Moscow) un niño que desea ser grande y ve su deseo concedido. Tom Hanks interpreta maravillosamente al niño metido en un cuerpo de adulto. "Big" va del descubrimiento de la vida que hace Josh, pero creo que –sobre todo- va del descubrimiento de la vida que hacen quienes rodean a ese Josh de 13 años convertido en “grande”. Asistimos a una de las secuencias más famosas: la del piano. Joseph pasea con el Sr.MacMillan (Robert Loggia), su jefe y dueño de una fábrica de juguetes por una exposición… (por favor, no dejes de fijarte en el reparo inicial del Sr. MacMillan ;)



Mi deseo para este nuevo año es que los adultos seamos capaces de dejar un poco a un lado esa seriedad y ese aire de superioridad que nos caracterizan y podamos adquirir la suficiente humildad como para dejar que los niños nos enseñen lo que un día olvidamos, y que con su visión clara y nueva nos ayuden a comprender lo grande que es la Vida. Es en ese conocimiento donde se esconde nuestra felicidad más profunda... ¡¡Feliz 2012!! Gracias, miles de gracias, por seguir ahí, danzando en este rincón del universo :)
(Vídeo subido por canceriansoul)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Elegir

Se acerca el nuevo año. Y de forma natural surge en nosotros una cierta esperanza, como si se nos dieran nuevas oportunidades con el comienzo del nuevo ciclo. Así es, y  así pasa con todos los ciclos. Cada día es una nueva oportunidad para retomar la vida. De hecho, lo es cada instante, aunque nos pesa tanto la memoria que no somos capaces de ver la frescura de cada nuevo momento, porque no dejamos morir los momentos anteriores. Eso nos resta capacidad de decisión. Lo cierto es que siempre existen opciones. Siempre. Puede que sean descabelladas, inciertas o no aconsejables… pero existen. Y más allá de ellas, existe nuestra libertad interior; ejercerla implica tomar responsabilidad de nuestra forma de pensar y de reaccionar ante las cosas que nos pasan.  
Víktor Frankl, neurólogo y psiquiatra que estuvo preso en varios campos de concentración nazis, cuenta que lo que le hizo sobrevivir fue precisamente saber que a pesar de que le habían arrebatado tantas y tantas cosas, había algo de lo que nadie podía apoderarse: su libertad interior; la libertad de elegir cómo reaccionar ante el horror que estaba viviendo. Simplemente eligió no desistir… y en medio del caos, se encontró a sí mismo. Ese contacto con su libertad interior fue lo que le mantuvo vivo, lo que en numerosos casos mantuvo vivas a las personas que sobrevivieron.
Ocurre que estamos enredados en nuestros propios pensamientos, concepciones, costumbres… y no nos damos cuenta de que todas esas cosas se pueden cambiar. Como si emocional y mentalmente fuésemos un tren de alta velocidad que conduce otra persona, reaccionamos automáticamente, como hemos hecho siempre, sobreviviendo a las curvas como podemos… porque todo va tan rápido… No somos conscientes de que podemos parar ese tren, y empezar a conducirlo nosotros mismos. Que antes de tomar una curva, podemos frenar, observarla, estudiarla e incluso cambiar de dirección. Que a veces, cambiando un simple pensamiento, podemos cambiar una parte de nuestra vida. Que desprenderse de una vieja forma de reaccionar puede suponer una gran diferencia. Que la vida es cambio, y que cuando dejamos de cambiar y fijamos patrones neuronales en nuestro cerebro, nuestra mente comienza su declive.
Es muy bueno, por eso, viajar, salir, hacer algo totalmente distinto, sólo para tomar distancia con tus propias creencias, tus enredos, tus hábitos, y al volver, observarlos un poco de lejos, y decidir si te los quedas o no los quieres más. Otra opción, como siempre, es meditar y encontrar tu centro. Desde ahí la velocidad del tren se reduce considerablemente y todo se hace más fácil… ¿conoces el placer de ver venir una vieja pauta emocional que te impele a una determinada acción o reacción que sabes que no te conduce a ningún sitio bueno… y simplemente… dejarla pasar? Guau!! Cuanto más meditas, más sencillo se hace.
Sea como sea, toma responsabilidad y date el gusto de ejercer tu libertad interior.
(Imagen paisaje: Danilo Rizutti; Imagen alta velocidad:Sura Nualpradid )

jueves, 17 de noviembre de 2011

Fluir


“Quería un final perfecto. Ahora he aprendido, por las malas, que algunos poemas no riman, y que algunas historias no tienen un claro comienzo, desarrollo y final. La vida va de no saber, de tener que cambiar, de aceptar el momento y hacer lo mejor de él, sin saber qué va a ocurrir después”~ Gilda Radner



Hay un día en la vida de un buscador en que una lucha se termina. Es en ese preciso instante en que te das cuenta de que no hay otra forma de vivir más que la de caminar a través el miedo. Has de dar el siguiente paso, a pesar del miedo, simplemente porque quedarte atrás no es una opción, y ni siquiera sería vivir. La vida son las tempestades y la calma, el sol y la luna, los misterios y lo obvio. La vida es aquello que llamamos mundo, más allá de nuestro control. Es el día en que te rindes a lo que Es, y entonces lo que Es se vuelve increíblemente intenso, porque acabada la lucha tu mirada puede descansar, y se posa en los detalles de la vida, y te das cuenta de que la Vida brilla por todas partes… en todo lugar. No lo habías visto sólo porque estabas luchando para que el mundo fuera como tú lo deseabas, no querías nada si no era todo… y por el camino te perdías la magia.
Es sólo desde la aceptación de lo que Es, aquí y ahora, desde donde podemos caminar hacia donde nos lleve nuestro corazón, sin lucha, sin drama, con serenidad. Más allá de nuestro miedo a la oscuridad, hay luz. Más allá de dolor y más allá del placer, hay un lugar; ese lugar es tuyo. Y es en ese lugar donde reside tu poder, pero para encontrarlo has de pasar, necesariamente, por el presente que fluye y aprender a fluir con él. Dejar que venga lo que tiene que venir, dejar que se marche lo que se tiene marchar. Respirar en el ahora lleno de infinitas posibilidades. Eso es vivir.
(Imagen: Leuntje)

martes, 8 de noviembre de 2011

Autosabotajes



Cuando nos decimos que no. Cuando huimos de lo que más queremos. Cuando nos exigimos una perfección inalcanzable. Cuando nos castigamos sin remedio por una culpa que desvanece en el infinito de nuestra historia pasada. Porque cuando más vulnerables éramos, alguien nos dijo: eres malo, tonto, torpe, no sabes, no puedes, mira lo que me has hecho, así nunca te saldrá… palabras grabadas en nuestro inconsciente, en aquel lugar de nuestra psique donde escondemos las cosas que no podemos enfrentar. No es ningún secreto: todos queremos amar y ser amados, porque para eso estamos programados desde que nacemos, y no en vano la vida usa el amor para reproducirse. Pero por el camino alguien nos da a entender que no merecemos ese amor, porque hemos hecho algo mal, o de otra manera, que no encajamos, que no somos lo que deberíamos ser… alguien a quien alguien le dio a entender lo mismo y que descarga en nosotros sin saberlo su propia frustración. Somos pequeños, no podemos soportar sentirnos indignos, y lo enterramos. Y ahí se queda ese sentimiento no enfrentado, molestando el resto de nuestra vida, mientras nuestro enjuiciador interno se encarga de reforzar la idea de que hay algo que no está bien en nosotros, que tenían razón quienes con sus palabras nos juzgaban. Por un lado el pensamiento, con el que puedes dialogar, pero por otro el correspondiente sentimiento enterrado que no podemos enfrentar; los dos están disociados, y todo se va liando poco a poco.
Así, vas autosaboteando tus sueños, aparcando momentos porque no es el momento, perjudicándote con cosas que sabes que te sentarán mal, cargándote con responsabilidades que no te dejan disfrutar… Y no sabes por qué, pero se repite. Quizás un día te descubras diciendo que no a lo que más deseas en tu vida. Puede que huyas perplejo sin entender nada, o puede que ese día decidas preguntarte por qué. Y todo cambie. Puede que entonces conozcas tu sombra, aquello que te dijeron que era tan terrible de ti, y tú creíste, aquello que se fue realimentando con cada tropiezo, con cada fallo, con cada angustia. Y puede que al conocerla te des cuenta de que no hay día sin noche, que todo forma parte de todo, que la vida es un bello camino de aprendizaje, y que mereces vivir lo que quieres vivir.
El día que aceptes tu sombra, que comprendas por qué está ahí, cómo nació, y cómo ha proyectado tu camino en lugar de ser ella la proyectada… ese día, podrás mirar al mundo y decir:”quiero aportar mi luz, porque la tengo, y ya no tengo miedo de brillar”. Y entonces asistirás al cambio, al espectáculo mágico que es la vida, y sólo querrás amar, porque ya habrás aprendido que cuando te sientes digno de ser amado, lo eres sin más.

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